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YAGUARA, EL JAGUAR QUE VUELVE A SU HÁBITAT NATURAL

febrero 23, 2026

Yaguara no es solo una jaguar que vuelve a la selva. Es el símbolo de una Bolivia que arde, pero que aún tiene la posibilidad de reconstruirse. Es la prueba de que, en medio de más de 14 millones de hectáreas consumidas por el fuego en 2024, todavía existen manos que rescatan, rehabilitan y creen en la libertad como destino final.

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Tenía apenas ocho meses cuando los incendios forestales la separaron de su madre. Huyó junto a su hermano hasta una estancia ganadera en Ascensión de Guarayos. Allí fueron perseguidos a caballo; ella fue enlazada y enjaulada, él logró escapar. Su historia pudo haber terminado como la de tantos otros jaguares víctimas del tráfico ilegal o de la retaliación ganadera. Pero llegó a Ambue Ari, el santuario administrado por la Comunidad Inti Wara Yassi (CIWY), y comenzó un proceso inédito en el país: su rehabilitación para volver a la vida silvestre.

Desde Cecasem, que en los últimos años ha incorporado el medio ambiente como eje transversal de trabajo, entendemos que la reinserción de fauna silvestre no es un gesto romántico, es un acto de justicia ecológica. Yaguara representa aquello que defendemos: restaurar lo que el ser humano ha destruido. Sin embargo, su historia también nos obliga a mirar más profundo, a preguntarnos por las causas estructurales que generaron su tragedia.

Bolivia vivió en 2024 la peor crisis ambiental de su historia reciente. Millones de hectáreas fueron devastadas por incendios, muchos de ellos provocados para ampliar la frontera agrícola y ganadera. La fragmentación del hábitat es hoy la principal amenaza para el jaguar. Cuando el bosque desaparece, el felino pierde sus presas naturales y se acerca al ganado; cuando eso ocurre, la respuesta suele ser una bala. A ello se suma el tráfico ilegal: un solo colmillo puede alcanzar hasta 4.000 dólares en mercados asiáticos. Según informes internacionales, Bolivia registra una de las tasas más altas de jaguares asesinados por actividades ilícitas en la región.

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En ese contexto, liberar a Yaguara no es un simple procedimiento técnico. Es una decisión política, ética y ambiental. Es afirmar que el destino de los animales silvestres no puede ser la jaula permanente cuando existen condiciones para su retorno. Es también reconocer que ningún santuario, por grande o bien gestionado que sea, puede sustituir la libertad. Como bien señalan sus cuidadores, ningún recinto de 2.500 o incluso 10.000 metros cuadrados podrá compararse jamás con los territorios de decenas de kilómetros que un jaguar recorre cada día en estado natural.

Pero la historia de Yaguara también nos interpela en otro sentido: la prevención. Porque ningún proceso de rehabilitación será suficiente si no frenamos la raíz del problema. No podemos seguir normalizando chaqueos irresponsables, expansión descontrolada del agronegocio, ausencia de protocolos eficaces contra incendios y debilidad institucional en el control ambiental. Cada incendio que se inicia no es solo humo y ceniza: es fauna huérfana, ecosistemas fragmentados y conflictos que se multiplican.

Desde Cecasem apoyamos firmemente la reinserción de Yaguara y celebramos que Bolivia esté desarrollando capacidades técnicas propias para estos procesos. Sin embargo, creemos que el verdadero éxito será que en el futuro no tengamos que rescatar crías separadas por el fuego. La meta no es multiplicar santuarios, sino reducir las causas que los hacen necesarios.

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La liberación de Yaguara en el Parque Nacional Noel Kempff Mercado, patrimonio natural de la humanidad, debe convertirse en un llamado nacional. Un recordatorio de que el desarrollo no puede medirse únicamente en hectáreas productivas, sino también en bosques preservados, especies protegidas y ecosistemas funcionales. El jaguar no es solo un felino; es un indicador de salud ambiental. Donde hay jaguar, hay bosque vivo.

Si queremos que Yaguara tenga una segunda oportunidad real, debemos garantizarle algo más que un collar satelital y monitoreo científico. Debemos asegurarle un territorio sin fuego intencional, sin persecución por retaliación, sin tráfico ilegal. Eso implica fortalecer la educación ambiental, endurecer controles en fronteras y aeropuertos, promover alternativas productivas sostenibles y, sobre todo, cambiar la lógica de un modelo que prioriza la expansión sobre la conservación.

Yaguara regresa a casa. Pero su historia no termina con la apertura de una puerta hacia la selva. Empieza con nuestra responsabilidad colectiva de evitar que otras crías pierdan a sus madres entre llamas provocadas. La verdadera reinserción no es solo la de un jaguar; es la de Bolivia con su propio equilibrio natural.

Por: Brian C. Dalenz Cortez


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