Desde el 2022, Bolivia ha enfrentado una crisis monetaria que ha puesto en jaque su estabilidad económica. La escasez de dólares, la caída de las reservas internacionales y la creciente brecha entre el dólar oficial y el paralelo han generado incertidumbre en la población. Pero, ¿cómo llegamos a esta situación? Y más allá de nuestras fronteras, ¿cómo afecta esta crisis a la región y al mundo?
El año 2022 marcó un cambio drástico en la economía boliviana. Aunque el modelo económico basado en la nacionalización de recursos naturales permitió estabilidad durante más de una década, la disminución de los ingresos por exportaciones de gas y la falta de inversión en nuevos proyectos comenzaron a mostrar signos de agotamiento.
El Banco Central de Bolivia (BCB) vio cómo sus reservas internacionales netas (RIN) se reducían de manera alarmante. En 2014, las RIN superaban los 15.000 millones de dólares; para 2022, apenas alcanzaban los 4.000 millones, y en 2024, la cifra es aún menor. Esta caída generó incertidumbre sobre la capacidad del país para mantener el tipo de cambio fijo de 6.96 bolivianos por dólar, vigente desde 2011.
A medida que los dólares se volvían más escasos, las importaciones se encarecieron y la brecha entre el dólar oficial y el paralelo comenzó a crecer. La población, temerosa de una devaluación, optó por comprar dólares en el mercado negro, alimentando un ciclo de especulación.
Hoy, en 2024, Bolivia sigue sintiendo los efectos de esta crisis. La falta de dólares afecta directamente a sectores clave:
El problema del dólar no es exclusivo de Bolivia. En Argentina, el peso se devalúa constantemente y el dólar blue es una referencia económica diaria. En Perú, la volatilidad política también ha generado inestabilidad cambiaria. En Ecuador, que usa el dólar como moneda oficial, la escasez de billetes también ha sido un problema reciente.
A nivel regional, la fortaleza del dólar estadounidense, impulsada por las políticas de la Reserva Federal (FED), ha encarecido el acceso a esta divisa para economías en desarrollo. La apreciación del dólar afecta el costo de la deuda externa y limita las opciones de financiamiento de países como Bolivia.
A nivel internacional, el dólar sigue siendo la moneda dominante. Las políticas de EE.UU. afectan directamente el flujo de dólares en el mundo. La reciente subida de tasas de interés por parte de la FED ha provocado que inversionistas retiren capital de mercados emergentes, debilitando sus monedas y dificultando el acceso a divisas extranjeras.
Países como China y Rusia han buscado reducir su dependencia del dólar promoviendo acuerdos bilaterales en sus propias monedas. Sin embargo, para países con economías más débiles como Bolivia, el acceso a dólares sigue siendo vital para el comercio y la estabilidad económica.
El gobierno boliviano ha implementado varias estrategias para enfrentar la crisis:
No obstante, estas medidas han tenido un impacto limitado. A futuro, Bolivia podría considerar estrategias más agresivas como la liberalización parcial del tipo de cambio o el fomento de inversiones extranjeras en sectores estratégicos.
La crisis del dólar en Bolivia es un problema complejo con raíces estructurales. Si bien el país ha logrado evitar una devaluación abrupta, la incertidumbre sigue latente. La solución no será inmediata, pero requiere decisiones económicas firmes y un plan a largo plazo que garantice estabilidad y confianza en el sistema financiero.
Bolivia se encuentra en una encrucijada, el dólar paralelo en el mercado ha ido variando desde 10 bs. a 14 bs. en los últimos meses. Las decisiones que se tomen en los próximos meses determinarán si el país logra recuperar la estabilidad económica o si enfrenta una crisis aún más profunda. Lo que es seguro es que la población, el sector productivo y el gobierno deben actuar con cautela, pero también con determinación, para enfrentar este desafío.