Entre la neblina espesa de la cordillera Huamaní y el silencio del páramo altoandino, las lagunas de Las Huaringas cumplen una función vital que trasciende lo espiritual y lo local: regulan el agua que da vida a la costa, la sierra y la Amazonía del norte del Perú. En ese territorio, comunidades campesinas de Ayabaca y Huancabamba resguardan desde hace siglos uno de los ecosistemas más estratégicos y frágiles del país.

En estas alturas, entre los 3000 y 3700 metros sobre el nivel del mar, nacen ríos que alimentan reservorios clave como San Lorenzo, Poechos y El Limón. Solo el río Quiroz aporta cerca del 70 % del agua del reservorio San Lorenzo, del que dependen más de 42.000 hectáreas agrícolas y 12.000 productores. A la vez, las aguas que fluyen hacia el oriente terminan integrándose al sistema del río Amazonas, conectando los páramos con uno de los mayores corredores hídricos del planeta.
La Autoridad Nacional del Agua advierte que la relación del norte peruano con los páramos es de “dependencia extrema”. Sin embargo, estos ecosistemas enfrentan amenazas crecientes: expansión agrícola, sobrepastoreo, incendios, cambio climático y, de manera persistente, la presión de proyectos mineros en cabeceras de cuenca.
Frente a este escenario, comunidades locales, organizaciones ambientales y el Gobierno Regional de Piura impulsan la creación del Área de Conservación Regional (ACR) Páramos Andinos–Huaringas, una propuesta que busca proteger más de 16.000 hectáreas de páramos, lagunas y bosques montanos donde habitan 22 comunidades campesinas. El objetivo es convertir la zona en un territorio intangible frente a actividades extractivas que comprometan la seguridad hídrica regional.
“El páramo es uno de los corazones hídricos más importantes del Perú y de los Andes del Norte”, señala el biólogo Iván Mejía, quien destaca que su conservación no solo protege el agua, sino también corredores ecológicos, biodiversidad y saberes ancestrales. Para las comunidades, el valor del territorio va más allá de lo ambiental: es salud, alimentación, memoria y futuro.
La resistencia comunal no es nueva. Desde 2007, los pobladores se oponen al proyecto minero Río Blanco, que busca operar en zonas cercanas a cabeceras de cuenca. Las rondas campesinas controlan accesos y vigilan el territorio, una defensa que ha tenido costos humanos y sociales, pero que también ha evitado el ingreso de la minería durante más de dos décadas.
Hoy, el proceso de creación del ACR se encuentra en etapa de zonificación, con visitas comunitarias y diálogo territorial. De concretarse, el área se integrará al Corredor de Conservación Andes del Norte y al Corredor Transfronterizo Andino-Amazónico entre Perú y Ecuador, asegurando conectividad ecológica para especies emblemáticas como el oso de anteojos y el tapir andino.
Para quienes viven en Las Huaringas, la ecuación es clara: sin páramos no hay agua; sin agua no hay vida cuesta abajo. La defensa de este ecosistema no es solo una causa local, sino una apuesta por la seguridad hídrica, alimentaria y climática de todo el norte peruano.
Por: Joel Poma Chura - Comunicación Cecasem

