La Patagonia argentina enfrenta nuevamente un escenario crítico por incendios forestales fuera de control que ya consumieron más de 15.000 hectáreas, destruyeron viviendas, obligaron a evacuar a miles de personas y pusieron en evidencia el desgaste de los sistemas de prevención y combate del fuego en un contexto de crisis climática persistente.

El foco más grave se inició hace una semana en cercanías de Epuyén, en la provincia de Chubut, donde las llamas avanzaron sobre casi 12.000 hectáreas, duplicando su extensión en apenas 48 horas. El fuego rodeó a esta localidad de poco más de 2.000 habitantes, enclavada entre un lago glaciar y cerros cubiertos de bosque nativo, generando una situación de extrema tensión entre sus pobladores.
Más de 500 personas, entre brigadistas, bomberos, rescatistas, fuerzas de seguridad y voluntarios comunitarios, trabajan de manera ininterrumpida para contener el avance del fuego. A este esfuerzo se sumaron refuerzos de otras provincias y el ofrecimiento de ayuda por parte de Chile, mientras las primeras lluvias registradas el domingo trajeron un alivio parcial, aunque insuficiente para dar por controlados los focos.
El gobernador de Chubut, Ignacio Torres, advirtió que la situación sigue siendo “muy crítica” y llamó a no relativizar el impacto del cambio climático, recordando que la región atraviesa la peor sequía desde 1965. A esto se suma un patrón que se repite año tras año: incendios de origen mayoritariamente humano, condiciones ambientales extremas y una capacidad de respuesta que se ve superada.
Además del foco en Epuyén, otro incendio de grandes dimensiones permanece activo en el Parque Nacional Los Alerces, donde organizaciones ambientales estiman que ya se superaron las 1.000 hectáreas afectadas. En Chubut y Santa Cruz, otros siniestros recientes dañaron casi 3.800 hectáreas adicionales.
Brigadistas comunitarios y vecinos denuncian demoras en la llegada de recursos aéreos durante las primeras horas del incendio, un factor clave en la expansión de las llamas. “Esto amerita una investigación”, señalaron pobladores de las zonas más afectadas, donde el fuego avanza con un comportamiento extremo y provoca agotamiento físico y mental en quienes lo combaten.
La emergencia se da en un contexto de recortes presupuestarios al Sistema Nacional de Manejo del Fuego y de advertencias reiteradas por parte de especialistas sobre la falta de políticas de prevención de largo plazo. Datos de organizaciones ambientales revelan que, en los últimos años, la superficie afectada por incendios en la Patagonia se cuadruplicó y podría multiplicarse aún más hacia fines de siglo.
Mientras tanto, la tragedia deja consecuencias inmediatas: al menos 3.000 personas evacuadas, más de una decena de viviendas destruidas y un brigadista internado en terapia intensiva por quemaduras graves. La Patagonia vuelve a arder y el fuego, una vez más, expone las deudas estructurales en la gestión ambiental de la región.
Por: Joel Poma Chura - Comunicación Cecasem

