La escasez de gas licuado de petróleo (GLP) ya no es solo un problema doméstico: se ha convertido en una amenaza directa para la producción de alimentos en Bolivia. Sectores clave como la avicultura, la panificación y la gastronomía advierten que operan al límite, asumiendo pérdidas, sobrecostos y una creciente incertidumbre sobre su continuidad.

Con la venta restringida a una garrafa por familia, productores y pequeños emprendedores deben madrugar desde las 4:00 de la mañana para hacer filas en puntos de distribución, mientras el mercado informal ofrece garrafas —incluso sin precintos— a precios que oscilan entre Bs 30 y Bs 40, muy por encima del precio oficial de Bs 22,50.
En el sector avícola, el impacto es silencioso pero profundo. El presidente de Avipar Santa Cruz, Winston Ortiz, explicó que la falta de GLP no provoca una mortandad inmediata en el pollito bebé, pero sí daños acumulativos que se manifiestan semanas después. La imposibilidad de mantener la temperatura adecuada en los primeros días debilita el sistema respiratorio e inmunológico de las aves, lo que deriva en mortandad entre los 40 y 45 días de crianza.
Un solo productor con 10.000 pollos bebé necesita entre 70 y 80 garrafas en las primeras dos semanas, un volumen hoy difícil de conseguir. A nivel nacional, más de 3.000 avicultores, en su mayoría pequeños y medianos, enfrentan el desabastecimiento sin garantías de provisión, en un contexto agravado por el alza de insumos como el maíz —que subió de Bs 80 a Bs 150 por quintal— y productos importados que duplicaron su precio.
El problema también golpea al pan. La dirigente nacional del sector panificador independiente, Elizabeth Galarza, alertó que en provincias y zonas periurbanas el acceso a GLP es crítico. Cada quintal de harina requiere al menos una garrafa, y muchas panaderías necesitan dos garrafas diarias para sostener su producción. Pese a ello, los independientes intentan mantener el pan por debajo de los 60 centavos, aunque reconocen que la situación es cada vez más insostenible.
En la gastronomía, la escasez alteró por completo la rutina de pequeños negocios. Emprendedores deben peregrinar de tienda en tienda o improvisar con leña y carbón, afectando tiempos de entrega, calidad del servicio y fidelidad de los clientes. “No es solo el gas, es perder clientes y credibilidad”, resume una comerciante cochabambina.
Aunque la ANH reporta una distribución diaria de 170.932 garrafas en todo el país, el Gobierno reconoce que el contrabando de GLP genera pérdidas de hasta $us 200.000 diarios. Ante este escenario, el Ministerio de Hidrocarburos anunció controles coordinados con la Policía y las Fuerzas Armadas y proyecta, a largo plazo, la implementación de dispositivos electrónicos en las garrafas para evitar su salida ilegal del mercado interno.
Mientras tanto, los sectores productivos advierten que la escasez de GLP ya no es un problema logístico, sino un factor que pone en riesgo la seguridad alimentaria, los precios y la sostenibilidad de miles de pequeños productores y emprendimientos en el país.
Por: Joel Poma Chura - Comunicación Cecasem

