El rescate y traslado a La Paz de una cachorra de jaguar de apenas cuatro meses, herida con 92 perdigones en Santa Cruz, ha vuelto a poner en evidencia la magnitud del tráfico ilegal de fauna silvestre en Bolivia. El caso, que involucra la muerte de otros ejemplares de su familia, coincide con recientes decomisos y operativos en varias regiones del país que reflejan una presión sostenida sobre especies protegidas.

La cría fue trasladada de emergencia desde el municipio de La Guardia hasta el departamento de La Paz, donde fue recibida por especialistas del refugio Senda Verde y personal de la Secretaría Departamental de Derechos de la Madre Tierra para su posterior traslado a Coroico. El animal llegó con un cuadro clínico complejo: 92 perdigones alojados en el cuerpo, edema pulmonar y una lesión severa en una extremidad, secuelas que impedirán su retorno a la vida silvestre. En el refugio fue bautizada como Shiva, nombre que acompaña ahora su largo proceso de recuperación.
El caso revela una práctica recurrente en el tráfico de fauna: la caza de ejemplares adultos para capturar crías vivas destinadas a comercialización ilegal o tenencia clandestina. Según especialistas, la mayoría de estos animales no sobrevive, y aquellos que son rescatados llegan con daños físicos irreversibles o con exposición a enfermedades que imposibilitan su reinserción en el hábitat natural.
Mientras esta cachorra lucha por sobrevivir, otros operativos recientes muestran que el tráfico ilegal afecta a múltiples especies en distintas regiones del país. En El Alto, efectivos de POFOMA aprehendieron a dos personas tras hallar fibra de vicuña sin procesar, pieles y derivados de fauna protegida en tres inmuebles intervenidos. En la feria 16 de Julio, otra persona fue arrestada por comercializar tortugas silvestres protegidas. En Oruro, un allanamiento conjunto entre Fiscalía de Medio Ambiente y POFOMA permitió decomisar 581 viscachas y 89 sullus de llama secados ilegalmente, mientras que en Beni un oso perezoso hallado en zona urbana tuvo que ser rescatado y reinsertado en un área segura.
Todos estos casos reflejan una misma cadena: extracción ilegal, comercialización clandestina y presión creciente sobre ecosistemas ya vulnerables. El refugio Senda Verde, que actualmente alberga más de mil animales rescatados, enfrenta además limitaciones económicas para sostener la atención veterinaria y alimentaria de especies que requieren cuidados permanentes. El incremento en los costos de alimentación y la reducción de visitantes han colocado al centro al límite de su capacidad.
La historia de esta cachorra de jaguar no es un hecho aislado, sino parte de un patrón más amplio que afecta a felinos amazónicos, especies andinas y reptiles protegidos. Cada decomiso revela no solo una actividad ilegal, sino también el impacto acumulado sobre la biodiversidad boliviana, donde la pérdida de fauna altera funciones esenciales para el equilibrio ecológico, desde la dispersión de semillas hasta el control natural de otras especies.
Por: Joel Poma Chura - Comunicación Cecasem

