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El tambaqui entra en riesgo y Brasil busca salvarlo sin dejar sin sustento a los pescadores

agosto 5, 2026

Uno de los peces más consumidos de la Amazonía brasileña fue clasificado como Vulnerable ante una reducción proyectada del 43,4 % de su población en tres generaciones. El Gobierno prepara un plan de recuperación que deberá conciliar la conservación de la especie con los ingresos de comunidades ribereñas que advierten que una restricción nacional no reflejaría todas las realidades de la cuenca.

Foto: © Blue Niu vía iNaturalist

El tambaqui, conocido en otros países amazónicos como gamitana o cachama, pasó de ser uno de los principales alimentos e ingresos de las comunidades ribereñas a convertirse en una especie oficialmente amenazada en Brasil.

La nueva clasificación coloca al país frente a una decisión inmediata: aprobar hasta finales de octubre un plan que permita recuperar sus poblaciones o avanzar hacia restricciones más severas sobre su captura. La inclusión en la lista no representa por sí misma una prohibición automática, según explicó el Ministerio de Medio Ambiente y Cambio Climático a Mongabay Latam.

El tambaqui —Colossoma macropomum— fue incorporado a la Lista Nacional Oficial de Especies de Fauna Amenazadas de Extinción, junto con otros peces e invertebrados acuáticos. La actualización fue formalizada mediante la Portaria GM/MMA Nº 1.667, del 27 de abril de 2026, y constituye uno de los principales instrumentos brasileños para orientar políticas de conservación.

De acuerdo con el Sistema de Evaluación del Riesgo de Extinción de la Biodiversidad, citado por Mongabay Latam, la especie fue clasificada como Vulnerable debido a una disminución proyectada del 43,4 % de su población durante tres generaciones, asociada principalmente con la pesca intensiva.

El ICMBio explica que estas evaluaciones consideran factores como la disminución poblacional, la distribución geográfica, la fragmentación del hábitat y la presión ejercida por la pesca y la contaminación.

Un pez amenazado y miles de familias dependientes

La clasificación generó preocupación entre pescadores artesanales de la Amazonía brasileña, quienes dependen de la captura silvestre y temen que una regulación nacional reduzca sus ingresos sin ofrecer alternativas económicas.

Josué de Castro, pescador desde hace 38 años en la comunidad de São Raimundo do Jarauá, informó a Mongabay Latam que el tambaqui representa aproximadamente el 20 % de sus ingresos. Aunque reconoció la necesidad de cuidar la especie, sostuvo que en su zona todavía existen ejemplares en abundancia.

Su comunidad se encuentra dentro de la Reserva de Desarrollo Sostenible Mamirauá, donde las poblaciones tradicionales pueden realizar un aprovechamiento regulado de los recursos naturales. Desde ese territorio, los pescadores cuestionan que una eventual restricción afecte principalmente a quienes pescan en lagos y ríos, mientras la producción de tambaqui en piscifactorías podría continuar.

La preocupación revela una diferencia estructural: el tambaqui cultivado puede llegar al mercado mediante grandes explotaciones acuícolas, mientras los pescadores artesanales dependen directamente de las poblaciones silvestres y de los ciclos naturales de los ríos.

Una prohibición nacional frente a realidades distintas

Igor Hister Lourenço, investigador del Instituto Mamirauá, señaló a Mongabay Latam que aplicar una sola restricción en toda la cuenca podría ignorar las diferencias regionales.

Según el especialista, existen zonas donde el tambaqui se encuentra fuertemente reducido, pero también áreas donde continúa siendo abundante o ha comenzado a reaparecer después de periodos de escasez.

Este argumento no contradice necesariamente la clasificación nacional, pero plantea la posibilidad de aplicar medidas diferenciadas según el estado de las poblaciones, la intensidad de la pesca y el manejo comunitario existente en cada territorio.

Lourenço también cuestionó que los pescadores no hubieran sido consultados suficientemente durante el proceso inicial. Para el investigador, su participación resulta indispensable porque las estadísticas oficiales no siempre registran la dinámica de la pesca artesanal ni los cambios observados por las comunidades.

La evaluación tiene un vacío territorial

Uno de los elementos más relevantes del informe citado por Mongabay Latam es la ausencia de datos formales sobre desembarques pesqueros en unidades de conservación y territorios indígenas.

Los datos disponibles corresponden principalmente a áreas no protegidas, que representarían alrededor del 61 % de la distribución natural de las poblaciones evaluadas. El 39 % restante estaría localizado en territorios indígenas y áreas protegidas donde no existe información pesquera sistemática equivalente.

Esta falta de datos introduce una limitación importante. Las zonas protegidas pueden conservar poblaciones más saludables, pero sin monitoreo constante no es posible determinar con precisión cuánto contribuyen a la recuperación de la especie ni si podrían sostener esquemas especiales de pesca comunitaria.

La clasificación de Vulnerable se aplica al conjunto de la población brasileña, pero no significa que todos los ríos, lagos y comunidades enfrenten exactamente la misma disminución.

La acuicultura reduce presión, pero también genera desigualdad

El tambaqui se encuentra de forma natural en las llanuras inundables del Amazonas y en varios de sus principales afluentes. También se ha expandido por Sudamérica mediante la acuicultura.

El ICMBio sostiene que el crecimiento del tambaqui de cultivo habría compensado parcialmente la reducción de las poblaciones silvestres durante las últimas dos décadas. Sin embargo, todavía no existe una estimación precisa de cuánto disminuyó la presión pesquera gracias a las piscifactorías, según el reporte de Mongabay Latam.

La producción en cautiverio puede ayudar a abastecer el mercado sin extraer ejemplares de los ríos, pero no reemplaza las funciones ecológicas del tambaqui silvestre. Además, puede profundizar las diferencias entre empresas acuícolas con capacidad de inversión y comunidades que dependen de la pesca tradicional.

El tambaqui también cumple un papel en los ecosistemas inundables al consumir frutos y dispersar semillas. Su reducción no tendría únicamente consecuencias comerciales, sino también ecológicas para los bosques y cuerpos de agua amazónicos.

Un plan contrarreloj

La normativa estableció un periodo de 180 días para aprobar un plan de recuperación. Según el Ministerio de Medio Ambiente, citado por Mongabay Latam, el plazo concluye el 25 de octubre.

El documento está siendo elaborado con participación del Ministerio de Pesca y Acuicultura, organismos ambientales, investigadores y representantes de las comunidades pesqueras. El Ministerio de Pesca presentó un primer borrador en junio, aunque su contenido no fue entregado públicamente al medio.

El plan deberá definir medidas como tallas mínimas, temporadas de veda, zonas de protección, límites de captura, monitoreo de desembarques y posibles excepciones para comunidades que manejan poblaciones saludables.

También deberá establecer cómo se fiscalizarán las restricciones en una cuenca de enorme extensión, donde gran parte de la pesca ocurre en áreas remotas y con limitada presencia institucional.

Otras especies muestran que un plan no siempre basta

El tambaqui no fue la única especie comercial incorporada a la lista. El pez ballesta gris, conocido en Brasil como peroá, también fue clasificado como amenazado, generando protestas entre pescadores artesanales y representantes de la industria pesquera.

En total, la nueva lista incluye 490 especies de peces e invertebrados acuáticos, según el reporte de Mongabay Latam. El ICMBio señala que estas clasificaciones permiten priorizar recursos y diseñar planes de acción para reducir el riesgo de extinción.

No obstante, representantes pesqueros advierten que la existencia de un plan no garantiza automáticamente la recuperación. Mencionan el caso del pargo rojo, cuya situación habría empeorado de Vulnerable a En Peligro pese a contar con medidas de manejo.

El siguiente paso será conocer el contenido del plan de recuperación del tambaqui y determinar si contempla diferencias regionales, participación efectiva de los pescadores y mecanismos para proteger sus ingresos. La decisión deberá evitar dos extremos: permitir que continúe la reducción de una especie fundamental para la Amazonía o imponer una solución uniforme que deje a las comunidades tradicionales asumiendo solas el costo de conservarla.

Por: Joel Poma Chura - Comunicación Cecasem


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