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El precio oculto de un arreglo floral: Sama pierde árboles que tardan años en recuperarse

agosto 7, 2026

La extracción de ramas de guayabo para su venta en arreglos florales está reduciendo los espacios donde sobrevive esta especie nativa dentro de la Reserva Biológica de la Cordillera de Sama, según denuncian sus guardaparques. Además de decomisos recientes, funcionarios del SERNAP advierten que la pérdida de estos árboles puede afectar la captación de agua, la conservación del suelo y el hábitat de diferentes especies.

Foto: Bolinfo/Tarija

Una rama extraída de la Reserva Biológica de la Cordillera de Sama puede terminar formando parte de un arreglo floral en la ciudad, pero su recuperación puede tomar años. Esa cadena comercial es ahora una de las preocupaciones de los guardaparques, que alertan sobre una extracción recurrente de árboles de guayabo dentro del área protegida.

Máximo Condori, guardaparque de la reserva, señaló que las zonas donde todavía se encuentran estos árboles son cada vez más reducidas y atribuyó esa disminución a la extracción constante de ramas y plantas.

“Tenemos espacios muy reducidos de lo que son los árboles de guayabo. La gente no tiene la conciencia de poder cuidar y proteger estas plantas nativas”, afirmó Condori, quien remarcó que se trata de especies de regeneración lenta.

La preocupación no se limita a la desaparición de ejemplares. Según el guardaparque, estos árboles contribuyen a la captación de agua y proporcionan refugio a distintas especies animales, por lo que su reducción puede modificar las condiciones ambientales de los sectores donde todavía se mantienen.

Sin embargo, hasta el momento no se difundió un estudio técnico que permita determinar cuántos ejemplares se han perdido, qué superficie de la reserva está afectada o cuál es el impacto acumulado sobre las fuentes de agua y la biodiversidad.

De la reserva a los arreglos florales

Los guardaparques identifican la comercialización como uno de los principales incentivos detrás de la extracción.

Condori explicó que las ramas son utilizadas principalmente para decoraciones y arreglos florales. El problema, según sostuvo, es que las podas realizadas para obtenerlas pueden provocar la muerte del árbol.

“La preocupación es que día a día están depredando estas plantas con el objetivo de comercializarlas”, señaló.

A esta denuncia se suma el decomiso de ramas y flores de guayabo que estaban siendo comercializadas fuera del área protegida. Florentino Colque, también guardaparque de la Reserva de Sama, informó que se realizaron operativos para evitar la venta del material extraído.

Colque pidió a la población evitar la compra de estas ramas porque, según explicó, la demanda comercial termina incentivando nuevas incursiones en el área protegida.

El funcionario señaló además que una rama puede tardar alrededor de diez años en alcanzar su desarrollo. Esta estimación no está acompañada en la información disponible por un estudio botánico publicado, por lo que corresponde tratarla como una referencia proporcionada por el personal de conservación.

Un árbol vinculado al agua

La extracción ocurre en una reserva cuya importancia trasciende la conservación de vegetación.

Los guardaparques sostienen que el guayabo participa en procesos de captación y retención de agua durante la temporada de lluvias. También contribuye a estabilizar el suelo y forma parte del hábitat utilizado por fauna de la zona.

La eliminación continua de vegetación puede disminuir la cobertura del suelo y alterar las condiciones que favorecen la infiltración y conservación de humedad. No obstante, establecer cuánto incide específicamente la pérdida del guayabo en la disponibilidad hídrica requeriría estudios hidrológicos y ecológicos del área.

Este punto resulta especialmente relevante para Sama, un territorio que en los últimos años también ha enfrentado incendios forestales. La pérdida simultánea de vegetación por fuego y extracción aumenta la presión sobre ecosistemas cuya recuperación puede requerir periodos prolongados.

Decomisos y procesos administrativos

Cuando una persona es sorprendida extrayendo vegetación dentro de la Reserva de Sama, los funcionarios pueden iniciar procesos administrativos por vulneración de la normativa del área protegida, explicó Colque.

En los operativos realizados fuera de la reserva, las instituciones proceden al decomiso del material cuando se identifica que proviene de una extracción no autorizada.

La información disponible no precisa cuántas personas fueron sancionadas durante 2026, cuántos decomisos se realizaron ni qué volumen de ramas fue recuperado. Tampoco se conoce el tamaño actual del mercado que utiliza este material para fines ornamentales.

Estos datos permitirían dimensionar si se trata de episodios aislados o de una actividad comercial sostenida con capacidad de afectar significativamente las poblaciones de guayabo.

La demanda también forma parte del problema

La advertencia de los guardaparques introduce otro elemento en la conservación: la extracción no termina en quien corta la planta.

Si existe un mercado para las ramas, las decisiones de comerciantes y consumidores también pueden influir en la presión ejercida sobre la reserva. Por esta razón, Colque pidió evitar la compra de especies vegetales cuyo origen no pueda verificarse.

La siguiente etapa deberá incluir mayor información sobre los decomisos, las sanciones y el estado de conservación del guayabo dentro de Sama. También queda pendiente establecer mecanismos que permitan diferenciar plantas producidas legalmente de aquellas extraídas del área protegida.

Mientras no disminuya la demanda o se fortalezca el control, una decoración aparentemente temporal puede representar la pérdida de una planta que necesitó años para desarrollarse y que forma parte de un ecosistema del que también dependen agua, suelo y fauna.

Por: Joel Poma Chura - Comunicación Cecasem


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