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El mono araña pierde población, pero sus crías siguen siendo extraídas del bosque

agosto 14, 2026

Una hembra de mono araña negro de menos de tres meses fue encontrada dentro de un canil en Río Seco, expuesta al frío del invierno alteño. El caso coincide con otros rescates y denuncias registrados en pocos días y ocurre el mismo año en que Bolivia elevó a la especie a la categoría En Peligro ante la disminución de sus poblaciones.

Foto: Gobernación de Santa Cruz

Una cría amazónica de menos de tres meses terminó abandonada a más de 4.000 metros de altitud, dentro de un canil de tela y expuesta a temperaturas bajo cero. Su rescate en la zona de Río Seco, en El Alto, revela una contradicción que preocupa a especialistas en conservación: mientras el mono araña negro enfrenta un deterioro creciente de sus poblaciones, nuevas crías continúan apareciendo fuera de su hábitat y bajo tenencia humana.

La hembra de Ateles chamek fue encontrada el 26 de julio y posteriormente trasladada por personal de la Gobernación de La Paz hasta el refugio de fauna silvestre Senda Verde, según informó La Región. Al momento de su ingreso, su estado de salud era considerado reservado.

Vicky Ossio, cofundadora de Senda Verde, explicó a La Región que la cría llegó asustada, con dificultades para mantener su temperatura corporal y un cuadro leve de diarrea que podría estar asociado al estrés.

La diferencia térmica resulta especialmente relevante para un animal de origen amazónico. Según la información recopilada por La Región, durante la jornada de su rescate El Alto registró temperaturas que descendieron hasta aproximadamente siete grados bajo cero durante la noche.

El refugio asignó a una persona específicamente para su atención con el propósito de reducir el estrés, suministrarle alimentación adecuada y recuperar progresivamente su confianza.

De la Amazonía a un canil en El Alto

Hasta el momento no se conoce públicamente cómo una cría de mono araña llegó desde las regiones tropicales donde habita la especie hasta una calle de El Alto.

Ossio planteó a La Región la posibilidad de que previamente hubiera sido mantenida como mascota y posteriormente abandonada cuando quienes la tenían dejaron de poder hacerse cargo de ella. Sin embargo, esta hipótesis todavía no ha sido confirmada mediante una investigación oficial.

La diferencia es importante: el abandono del animal está documentado, pero determinar si fue capturado directamente de la naturaleza, comprado, trasladado por intermediarios o entregado previamente a otra persona requiere identificar su recorrido y a los responsables.

La Gobernación de La Paz fue consultada por La Región sobre las acciones para investigar el caso, pero el medio informó que no obtuvo una entrevista de la autoridad departamental correspondiente hasta el cierre de su publicación.

No fue un caso aislado

Un día después de difundirse este rescate, La Región, en una nota de Doly Leytón Arnez, reportó un segundo ejemplar de mono araña bajo atención de Senda Verde.

Esta segunda cría, trasladada desde el Beni por el guardaparque Marcos Uzquiano, de la Estación Biológica del Beni, pesaba aproximadamente 900 gramos. La encontrada en El Alto registraba alrededor de 1,5 kilogramos.

A esos dos casos se sumaban denuncias sobre otros ejemplares en Rurrenabaque y San Ignacio de Moxos.

De confirmarse todos los reportes, al menos cuatro crías habrían estado involucradas en situaciones de posible captura, tenencia o tráfico en un periodo inferior a diez días, según La Región.

La proximidad temporal de los casos no demuestra que exista una misma red detrás de ellos, pero sí evidencia que la extracción y tenencia de crías continúa produciéndose en diferentes puntos de Bolivia.

Una especie que ahora está En Peligro

La preocupación aumenta porque el mono araña negro acaba de cambiar oficialmente de categoría de conservación en Bolivia.

La actualización del Libro Rojo de los Vertebrados de Bolivia, difundida en 2026, volvió a evaluar el estado de los mamíferos del país mediante información científica y criterios de riesgo.

Según la información reportada por La Región, Ateles chamek pasó de Vulnerable a En Peligro (EN). La evaluación señala que sus poblaciones habrían disminuido al menos 50 % durante aproximadamente los últimos 45 años.

Entre las principales presiones se encuentran la destrucción y fragmentación del hábitat por incendios, deforestación, carreteras, minería y expansión agropecuaria, además de la cacería y la captura para mascotismo.

El cambio de categoría no significa que la especie esté a punto de desaparecer de Bolivia de manera inmediata, pero sí que enfrenta un riesgo de extinción considerablemente mayor si sus amenazas continúan.

Una cría perdida puede tardar años en ser reemplazada

La biología del mono araña dificulta además la recuperación de sus poblaciones.

Según la evaluación citada por La Región, las hembras alcanzan la madurez sexual aproximadamente entre los cuatro y seis años y producen, en promedio, una sola cría cada tres o cuatro años.

Esta baja tasa reproductiva significa que la extracción de unos pocos individuos puede tener consecuencias durante años, especialmente en poblaciones pequeñas o fragmentadas.

A diferencia de especies capaces de reproducirse varias veces al año, un grupo de monos araña necesita largos periodos para reemplazar ejemplares adultos o crías perdidas.

La captura de bebés puede generar además un daño que no siempre aparece en las estadísticas de decomisos. La Región señala, con base en información sobre el tráfico de primates, que las madres pueden ser asesinadas cuando intentan proteger a sus crías durante la captura.

Por eso, una cría encontrada en cautiverio puede representar un impacto mayor que el número de animales recuperados.

En algunas zonas ya cuesta encontrarlos

Ossio relató a La Región que guías turísticos de San Buenaventura y del Parque Nacional Madidi reportan una disminución en los avistamientos de monos araña.

La directora de Senda Verde señaló además que solo durante el año anterior el refugio recibió nueve crías procedentes de la zona de San Buenaventura.

Estos testimonios no sustituyen un censo poblacional sistemático, pero coinciden con la tendencia de reducción recogida por el Libro Rojo.

La especie se enfrenta así a dos presiones simultáneas: pierde territorio mientras algunos ejemplares siguen siendo extraídos del bosque.

El mascotismo no termina cuando el animal es rescatado

Convertir un primate silvestre en mascota también modifica sus posibilidades de regresar a la naturaleza.

Una cría separada tempranamente de su madre pierde oportunidades de aprender comportamientos esenciales dentro de su grupo: alimentación, desplazamiento, identificación de amenazas e interacción social.

Además, la habituación a personas puede dificultar posteriormente un proceso de liberación.

Por esta razón, los centros de custodia buscan reducir la interacción innecesaria y mantener conductas compatibles con la vida silvestre.

En el caso de la cría encontrada en El Alto, el proceso inmediato estará concentrado en estabilizar su salud y disminuir el estrés. Solo posteriormente podrá evaluarse cuál es su futuro.

Una investigación todavía pendiente

El abandono abre ahora una serie de preguntas que permanecen sin respuesta: quién trasladó a la cría hasta El Alto, cuánto tiempo permaneció en cautiverio, dónde fue capturada y si existieron intermediarios entre el bosque y la persona que finalmente la abandonó.

Resolverlas permitiría determinar si se trató de un caso aislado de tenencia ilegal o si forma parte de una cadena de tráfico más amplia.

Los nuevos rescates adquieren especial relevancia porque ocurren justo cuando la ciencia nacional advierte que la especie está perdiendo individuos más rápido de lo que puede recuperarlos.

El siguiente paso no será únicamente rehabilitar a las dos crías que llegaron a Senda Verde. También será establecer de dónde vienen los animales y quién continúa extrayéndolos.

Porque para una especie que necesita años para producir una sola cría, cada bebé que aparece lejos del bosque puede representar una ausencia que su población tardará mucho tiempo en recuperar.

Por: Joel Poma Chura - Comunicación Cecasem


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