El Centro de Ecología y Pueblos Andinos sostiene que el lago Poopó todavía puede recuperarse parcialmente mediante un plan maestro que incluya dragados, infraestructura hidráulica y una regulación más estricta del agua que llega por el río Desaguadero. La propuesta adquiere especial importancia para los pueblos urus, cuya pesca, movilidad y cultura estuvieron históricamente vinculadas al lago.

Después de años de retroceso, sequías y recuperaciones temporales, el lago Poopó todavía podría conservar una parte significativa de su superficie. Limbert Sánchez Choque, subdirector del Centro de Ecología y Pueblos Andinos (CEPA), plantea como meta recuperar al menos el 50 % del lago mediante una intervención integral que vaya más allá de esperar nuevas temporadas de lluvia.
Según explicó el especialista, el Poopó llegó a secarse prácticamente por completo en distintos momentos durante la última década. El CEPA identifica episodios críticos en 2014, 2018, 2021 y 2023.
Las precipitaciones de 2025 permitieron una recuperación temporal que, de acuerdo con reportes recogidos por la institución y testimonios de comunarios, llegó aproximadamente al 70 % de la superficie. Sin embargo, ese aumento no logró sostenerse.
Actualmente, las estimaciones mencionadas por CEPA sitúan el espejo de agua alrededor del 30 % o ligeramente por encima.
El problema no se limita a la cantidad de agua que ingresa.
Sánchez Choque explicó que la acumulación de sedimentos ha reducido progresivamente la profundidad del lago. En algunas zonas, el agua alcanzaría apenas entre 50 y 70 centímetros, haciendo que las altas temperaturas del altiplano aceleren su evaporación.
“Es como un plato hondo que debería ser un lago, prácticamente ahora vemos un plato plano”, explicó el representante del CEPA.
El lago depende además en gran medida del río Desaguadero, que conecta este sistema con el Titicaca. Según Sánchez Choque, alrededor del 90 % del agua que alimenta al Poopó proviene de este río, cuyas aguas también son utilizadas para riego y otras actividades productivas.
A ello se suman los efectos de la crisis climática y las presiones asociadas a actividades mineras en la cuenca.
Frente a este escenario, el CEPA propone elaborar un plan maestro o plan director que incluya dragados en sectores estratégicos, infraestructura para contener el agua y medidas para evitar que esta se disperse sobre una superficie extensa y poco profunda.
La propuesta contempla además una regulación más estricta del aprovechamiento del río Desaguadero, protección ambiental y acciones de forestación.
“Si no vamos a salvar el 100 % del lago Poopó, tendríamos como meta salvar por lo menos el 50 % del lago”, sostuvo Sánchez Choque.
Para el especialista, esa meta podría alcanzarse articulando conocimiento científico, universidades, instituciones públicas y saberes de las comunidades.
Sin embargo, hasta el momento no existe información sobre un presupuesto, cronograma o proyecto estatal aprobado para ejecutar esas intervenciones.
La crisis del Poopó modificó profundamente la vida de Puñaca Tinta María, Villanique y Llapallapani, comunidades urus cuya economía y cultura estuvieron históricamente relacionadas con el agua.
Durante generaciones, la pesca, la caza, la recolección de huevos y el aprovechamiento de la totora formaron parte de su vida cotidiana. Con el retroceso del lago, muchas de esas actividades desaparecieron y numerosos jóvenes migraron en busca de nuevas fuentes de ingreso.
El CEPA señala que para estas comunidades el lago no era únicamente una fuente económica, sino parte de su concepción territorial. Esa relación explica por qué, durante los procesos de saneamiento de tierras, los urus no priorizaron grandes extensiones agrícolas: su territorio estaba asociado principalmente al agua.
Hoy algunas comunidades demandan tierras que les permitan desarrollar agricultura y ganadería ante la pérdida de sus medios tradicionales de subsistencia.
El deterioro ambiental también dejó una profunda huella cultural.
Erasmo Suma Flores, comunario entrevistado en el documental Bolivia: los huérfanos del lago Poopó, de ARTE.tv, conserva restos de su antiguo bote, redes y herramientas de pesca.
“Siempre me sueño con el lago”, relata.
Otros integrantes de las comunidades han construido pequeños espacios de memoria con fotografías, objetos y aves encontradas muertas, buscando transmitir a las nuevas generaciones cómo era el ecosistema antes de su deterioro.
La esperanza de recuperar parcialmente el Poopó permanece también vinculada a ceremonias dedicadas a Mamá Qocha, divinidad asociada al agua.
El desafío ahora es convertir esa expectativa en una política concreta. CEPA sostiene que recuperar todo el lago podría resultar difícil, pero considera viable preservar al menos la mitad de su superficie si se interviene la cuenca de manera integral.
Para los pueblos urus, alcanzar esa meta significaría algo más que recuperar agua: supondría la posibilidad de volver a relacionarse con el territorio que durante generaciones definió su forma de vida.
Por: Joel Poma Chura - Comunicación Cecasem

