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Casi la mitad de los reptiles evaluados en Bolivia presenta algún grado de amenaza

junio 9, 2026

El Volumen II del Libro Rojo de los Vertebrados de Bolivia identificó 143 especies de reptiles bajo categorías de amenaza, entre caimanes, anfisbenas, lagartijas y serpientes. La pérdida de hábitat, el cambio climático y el tráfico ilegal figuran entre las principales presiones.

Foto: Fundación para el Desarrollo de la Ecología

La nueva actualización del Libro Rojo de los Vertebrados de Bolivia: Volumen II. Reptiles (Crocodylia y Squamata) revela que 143 especies de reptiles, equivalentes al 48% de las 298 especies evaluadas, se encuentran bajo algún grado de amenaza en el país.

El documento, elaborado por el Ministerio de Planificación del Desarrollo y Medio Ambiente, evaluó especies de los órdenes Crocodylia, que incluye caimanes, y Squamata, integrado por anfisbenas, lagartijas y serpientes. La evaluación fue desarrollada con la colaboración de 24 investigadores y especialistas, mediante el Método de Evaluación del Grado de Amenaza ajustado para reptiles.

Los resultados muestran que cuatro especies se encuentran En Peligro Crítico, 23 En Peligro, 70 en categoría Vulnerable y 46 Casi Amenazadas. Además, 38 especies fueron clasificadas como Datos Insuficientes, lo que evidencia vacíos de información científica sobre su distribución, población y estado de conservación.

Uno de los datos más relevantes del volumen es el cambio respecto a la evaluación anterior. En 2009, el Libro Rojo registró 56 especies de reptiles bajo alguna categoría de amenaza. La nueva actualización reporta 87 especies más, lo que representa un incremento superior al 150%. El documento atribuye este aumento tanto a la incorporación de nueva información científica acumulada en más de 15 años de investigación como a una mejor comprensión de las amenazas que afectan a estas especies.

Entre los grupos más comprometidos se encuentran los crocodílidos, con el 80% de sus especies bajo alguna categoría de amenaza. En este grupo aparecen especies como el caimán overo (Caiman latirostris), clasificado En Peligro; el caimán negro (Melanosuchus niger), Vulnerable; y el caimán de frente lisa (Paleosuchus trigonatus), también Vulnerable.

El orden Squamata concentra la mayor cantidad de especies afectadas, con 139 especies bajo alguna categoría de amenaza. Dentro de este grupo, las lagartijas de la familia Liolaemidae presentan una situación particular: las 19 especies del género Liolaemus registradas en Bolivia se encuentran en alguna categoría de amenaza. Tres están En Peligro Crítico, siete En Peligro, ocho Vulnerables y una Casi Amenazada.

Entre las especies en mayor riesgo figuran Liolaemus aparicioi, Liolaemus cranwelli y Liolaemus multiformis, clasificadas En Peligro Crítico. El documento destaca que varias de estas especies presentan distribución restringida y enfrentan presiones asociadas al cambio de uso de suelo, la expansión urbana, la agricultura, los incendios forestales y la pérdida de hábitat.

La publicación identifica tres amenazas principales para los reptiles bolivianos: pérdida, fragmentación y degradación del hábitat; cambio climático; y tráfico ilegal. La primera está vinculada con la expansión agrícola, la minería ilegal, la infraestructura, las quemas agrícolas, la falta de planificación territorial y otras presiones que transforman los ecosistemas.

El cambio climático aparece como una amenaza transversal debido a que los reptiles son organismos ectotermos; es decir, dependen de la temperatura ambiental para regular su metabolismo, actividad diaria y reproducción. En especies como los caimanes, los cambios de temperatura durante la incubación pueden afectar incluso la proporción de sexos de las crías.

El tráfico ilegal también representa una presión directa. El documento señala que reptiles como caimanes, boas, sicurís, lagartijas y otros saurios son utilizados con fines de alimentación, medicina tradicional, mascotas, marroquinería y comercio de partes o derivados, situación que puede afectar especialmente a especies de distribución restringida o baja capacidad reproductiva.

El análisis territorial muestra que el Sudoeste de la Amazonía concentra el mayor número de reptiles amenazados, con 80 especies, seguido por los Bosques Secos Interandinos, con 41 especies. También se reportan cifras importantes en el Gran Chaco y los Yungas, con 38 especies amenazadas cada una, además del Bosque Seco Chiquitano, con 31 especies.

El informe también advierte que más de 30 especies amenazadas, equivalentes al 21,7% del total evaluado, no cuentan con registros dentro del Sistema Nacional de Áreas Protegidas. Este dato plantea la necesidad de fortalecer el monitoreo, ampliar la investigación y priorizar sitios de conservación para especies que actualmente carecen de protección registrada.

El Volumen II registra además 25 especies endémicas de Bolivia, de las cuales 21 se encuentran bajo alguna categoría de amenaza y cuatro fueron clasificadas como Datos Insuficientes. Entre las especies endémicas amenazadas se encuentran Potamites ocellatus, Liolaemus aparicioi, Liolaemus forsteri, Contomastix vittata, Dipsas chaparensis y Bothrops sanctaecrucis.

La actualización del Libro Rojo de Reptiles constituye una herramienta técnica para orientar políticas de conservación, planificación territorial, monitoreo científico y educación ambiental. También evidencia que los reptiles, a pesar de ser menos visibles en el debate público que otros grupos de fauna, cumplen funciones ecológicas esenciales como depredadores, dispersores de semillas, presas de otras especies e indicadores de la salud de los ecosistemas.

Los resultados del informe plantean una nueva línea base para comprender el estado de conservación de caimanes, serpientes, anfisbenas y lagartijas en Bolivia, en un contexto marcado por la transformación acelerada de hábitats y el aumento de presiones ambientales sobre la biodiversidad.

Por: Joel Poma Chura - Comunicación Cecasem


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