El Gobierno anunció la autorización del evento transgénico HB4 para el cultivo de soya en Bolivia, una tecnología orientada a mejorar la tolerancia de la planta a la sequía y al estrés hídrico. La decisión, presentada en el marco de Exposoya 2026, reactivó el debate sobre el uso asociado de glufosinato de amonio y sobre los posibles efectos ambientales y sanitarios señalados en investigaciones y pronunciamientos citados por organizaciones y colectivos de otros países.

Mientras el Ejecutivo y sectores productivos sostienen que la biotecnología puede contribuir a enfrentar eventos climáticos adversos y reducir riesgos productivos, organizaciones ambientalistas y documentos técnicos citados en el material proporcionado advierten que la soya HB4 está vinculada al uso de glufosinato de amonio, herbicida que fue prohibido en la Unión Europea y que, según estudios mencionados de China, México y Argentina, presenta riesgos potenciales para la salud y el ambiente.
Bolivia autorizó el uso del evento transgénico HB4 para el cultivo de soya, una biotecnología desarrollada para aumentar la tolerancia de la planta al estrés hídrico y a condiciones de sequía. El anuncio fue realizado durante Exposoya 2026 y fue confirmado por el ministro de Planificación del Desarrollo y Economía Plural, Fernando Romero.
Según la explicación oficial, la decisión busca evitar que Bolivia quede rezagada frente a otros países de la región que ya incorporaron biotecnología agrícola a gran escala. La autoridad señaló que la tecnología HB4 permite a la planta mantener productividad en escenarios climáticos exigentes.
El evento HB4 fue desarrollado por Bioceres Crop Solutions junto con investigadores del sistema científico argentino. De acuerdo con la información proporcionada, incorpora un gen proveniente del girasol que activa mecanismos de defensa frente a la falta de agua. La soya HB4 ya fue aprobada para producción o comercialización en países como Argentina, Brasil y Paraguay.
En Bolivia, la cadena soyera tiene un peso relevante en las exportaciones no tradicionales y en la provisión de insumos para otras cadenas alimentarias. Datos citados por el sector productivo señalan que en la última década la cadena de la soya generó más de 12.000 millones de dólares en exportaciones y concentra cerca de 1,3 millones de hectáreas de cultivo, principalmente en Santa Cruz.
Sin embargo, la autorización volvió a situar el foco en el paquete tecnológico asociado a este evento. En los documentos y materiales proporcionados, organizaciones ambientalistas sostienen que la soya HB4 está acompañada por el uso de glufosinato de amonio, un herbicida sobre el que se reportan observaciones por su toxicidad.
La organización “Bolivia libre de Transgénicos”, junto con Codma, Contiocap y más de sesenta organizaciones, expresó su rechazo a la validación de la soya HB4. En su pronunciamiento de 2022, esas entidades indicaron que solicitaron al entonces viceministerio de Medio Ambiente una evaluación desfavorable al empleo de esta semilla y advirtieron sobre posibles daños a la biodiversidad, la salud y el medio ambiente.
El material proporcionado también incluye referencias a investigaciones y pronunciamientos de otros países sobre el glufosinato de amonio. Entre ellos se cita un estudio de Tianyu Dong y un equipo de investigación de la Universidad Médica de Nanjing, en China (2020), que reportó que la exposición prenatal a este herbicida produjo alteraciones en la motricidad, la memoria y comportamientos análogos al autismo en modelos experimentales de mamíferos, según el documento remitido.
Asimismo, se menciona una investigación publicada en 2018 en la Revista Internacional de Contaminación Ambiental de la Universidad Nacional Autónoma de México, elaborada por científicos de varias universidades mexicanas, que encontró alteraciones en la calidad y en el ADN de los espermatozoides de mamíferos expuestos a glufosinato de amonio.
También se cita el trabajo de investigadores del Laboratorio de Ecotoxicología de la Universidad Nacional del Litoral y del Conicet, en Argentina, quienes, en estudios publicados en 2013 y 2014, reportaron que el glufosinato inhibe la transmisión del impulso nervioso y afecta la división celular en anfibios. De igual manera, el material menciona otro estudio comparativo sobre glifosato y glufosinato de amonio en renacuajos de anfibios, en el que se señala mayor tasa de malformaciones y daño genético asociados al glufosinato.
En el conjunto de documentos facilitados también se afirma que la Unión Europea prohibió el glufosinato de amonio en 2013 por sus efectos nocivos en mamíferos y artrópodos. Además, se menciona que el herbicida es considerado por Senasa, en Paraguay, como de banda azul y con una toxicidad superior a la del glifosato, de acuerdo con el texto remitido.
Otra línea de cuestionamiento está vinculada al modelo productivo. El colectivo argentino Trigo Limpio, integrado por científicos, profesores, técnicos y referentes ambientales, publicó un comunicado en el que rechaza la expansión de eventos HB4 por considerar que profundizan un esquema agrícola basado en monocultivos, uso creciente de agrotóxicos y presión sobre ecosistemas. Ese documento también plantea la necesidad de instancias de participación pública y debate interdisciplinario antes de ampliar este tipo de tecnologías.
En Bolivia, las organizaciones que rechazan la soya HB4 sostienen que la evaluación de esta semilla debe considerar la Constitución, la Ley Marco de la Madre Tierra y otras normas vigentes. Además, plantean que la población debe ser consultada e informada sobre decisiones que puedan afectar la calidad ambiental.
Desde el ámbito productivo, en cambio, se argumenta que el país necesita acceder a nuevas tecnologías para enfrentar sequías recurrentes y mejorar la competitividad agrícola. El economista Germán Molina, citado en el material proporcionado, señaló que la biotecnología puede mejorar el desempeño del agro boliviano, particularmente en un cultivo que incide en cadenas como leche, carne bovina, porcina y avícola.
Con la autorización del evento HB4, el debate en Bolivia se desplaza ahora hacia dos ejes paralelos: por un lado, su potencial como herramienta frente al estrés hídrico; por otro, la discusión sobre los riesgos atribuidos al glufosinato de amonio en investigaciones y pronunciamientos internacionales incluidos en la información de base.
Por: Joel Poma Chura - Comunicación Cecasem

