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Illimani perdió el 59 % de su cobertura de hielo en 49 años y recientes olas de calor agravan el deshielo

octubre 21, 2026

El glaciólogo Edson Ramírez advirtió que las temperaturas extremas pueden provocar pérdidas superiores a un metro de espesor de hielo en periodos cortos. Investigaciones científicas confirman que la Cordillera Real perdió el 42 % de su superficie glaciar entre 1992 y 2024, mientras crece la preocupación por las consecuencias del calentamiento global sobre las fuentes de agua y los ecosistemas de Bolivia.

Foto: Archivo La Región

El nevado Illimani, uno de los principales símbolos naturales del departamento de La Paz, perdió aproximadamente el 59 % de su superficie cubierta de hielo entre 1975 y 2024, mientras las recientes olas de calor continúan agravando las condiciones que favorecen su retroceso. La advertencia fue realizada por el glaciólogo Edson Ramírez, en declaraciones difundidas por Red Uno, donde explicó que los episodios de temperaturas extremas pueden provocar pérdidas de más de un metro de espesor de hielo en periodos relativamente cortos.

Según la información publicada el 19 y 21 de octubre de 2026 por los periodistas Juan Marcelo Gonzáles y Greyss Nery Pinaya Acarapi, respectivamente, Ramírez relacionó este fenómeno con el calentamiento global y con las alteraciones climáticas que afectan a los glaciares tropicales. El investigador señaló que las temperaturas durante determinados eventos extremos pueden superar entre dos y tres grados los valores medios habituales, generando condiciones que aceleran la pérdida de hielo en los nevados bolivianos.

La situación del Illimani forma parte de una transformación ambiental más amplia. Estudios científicos recientes confirman que los glaciares de Bolivia han perdido importantes extensiones durante las últimas décadas, particularmente en la Cordillera Real, donde se concentran nevados que cumplen funciones esenciales para los ecosistemas de montaña y la regulación de los recursos hídricos.

Illimani perdió más de la mitad de su superficie glaciar desde 1975

De acuerdo con las declaraciones de Edson Ramírez recogidas por Red Uno, las investigaciones sobre el Illimani muestran que el nevado perdió el 38 % de su superficie cubierta de hielo entre 1975 y 2009. Al ampliar el periodo de análisis hasta 2024, la reducción acumulada alcanza el 59 %, lo que evidencia la continuidad del retroceso glaciar durante casi cinco décadas.

El investigador explicó que estos resultados proceden de estudios que combinan mediciones de campo, fotografías aéreas, imágenes satelitales y levantamientos geodésicos. La utilización de distintas técnicas permite reconstruir los cambios históricos en la superficie de hielo y comparar las condiciones actuales con las registradas décadas atrás.

La pérdida de cobertura glaciar no significa que el Illimani haya perdido el 59 % de su altura ni que todo su volumen de hielo haya disminuido exactamente en esa proporción. El indicador corresponde a la reducción de la superficie cubierta por glaciares, una diferencia importante para interpretar correctamente la magnitud del fenómeno.

Olas de calor pueden provocar pérdidas de más de un metro de hielo

La advertencia más reciente de Ramírez está relacionada con la intensidad de los episodios de calor. Según explicó a Red Uno, durante estas condiciones extremas los glaciares pueden perder más de un metro de espesor de hielo en aproximadamente un mes. El especialista también mencionó que en otros glaciares se han registrado pérdidas de hasta cuatro metros durante periodos similares.

Estos valores no representan una tasa anual uniforme ni deben extrapolarse automáticamente a toda la superficie del Illimani. Se refieren a situaciones particulares de pérdida de espesor que pueden producirse cuando las temperaturas y otras condiciones meteorológicas favorecen la ablación, proceso mediante el cual los glaciares pierden masa por derretimiento, sublimación u otros mecanismos.

Ramírez también señaló que los frentes de distintos glaciares bolivianos han retrocedido aproximadamente entre 23 y 26 metros por año durante la última década, según las estimaciones citadas en su entrevista. Este indicador describe el desplazamiento horizontal de los bordes glaciares y no debe confundirse con la reducción del espesor de hielo.

Estudio científico confirma que la Cordillera Real perdió el 42 % de sus glaciares

La magnitud del retroceso también está respaldada por investigaciones científicas independientes. Un estudio de Giuliana Adrianzen y Andrew G. O. Malone, publicado el 16 de marzo de 2026 en la revista Remote Sensing, determinó que la Cordillera Real perdió aproximadamente 103,67 kilómetros cuadrados de superficie glaciar entre 1992 y 2024, equivalentes al 42 % del área cubierta por hielo al inicio del periodo.

Los investigadores utilizaron imágenes satelitales Landsat y reconstruyeron la evolución de los glaciares durante más de tres décadas. Sus resultados indican una pérdida promedio cercana a tres kilómetros cuadrados de superficie glaciar por año, aunque el análisis no identificó una aceleración estadísticamente significativa de esa tasa durante el periodo completo estudiado.

Esta última precisión es importante: aunque los episodios de calor extremo pueden intensificar temporalmente el derretimiento, no significa que todos los indicadores de pérdida glaciar hayan mostrado una aceleración continua. Lo que sí confirma el estudio es una reducción considerable y sostenida de la cobertura de hielo en una de las principales cordilleras de Bolivia.

Bolivia perdió casi el 10 % de su superficie glaciar entre 2016 y 2022

El retroceso no se limita al Illimani ni a la Cordillera Real. Una investigación publicada en el Journal of Glaciology examinó la evolución de los glaciares de los Andes bolivianos y estableció que su superficie cubierta de hielo disminuyó de aproximadamente 316,6 kilómetros cuadrados en 2016 a 287,8 kilómetros cuadrados en 2022. Esto representa una reducción del 9,1 % en apenas seis años, equivalente a una pérdida de alrededor de 28,8 kilómetros cuadrados.

El estudio identificó retrocesos en las cuatro regiones glaciares examinadas: la Cordillera Real, la Cordillera Apolobamba, la región del Sajama y otros sectores glaciares del país. La mayor pérdida absoluta se registró en la Cordillera Real, con aproximadamente 13,8 kilómetros cuadrados menos de superficie cubierta por hielo, mientras que la región del Sajama presentó una reducción cercana a 0,4 kilómetros cuadrados.

La investigación también encontró que, en 2022, la mayoría de los glaciares bolivianos tenía una superficie inferior a un kilómetro cuadrado. Esta característica incrementa su vulnerabilidad frente a las variaciones climáticas, especialmente cuando se encuentran a altitudes donde las temperaturas dificultan la acumulación de nieve suficiente para compensar las pérdidas de hielo.

Investigaciones anteriores ya advertían sobre el retroceso del Illimani

La pérdida de hielo del Illimani no es un fenómeno identificado recientemente. Una investigación científica publicada en Annals of Glaciology, titulada 46 years of environmental records from the Nevado Illimani glacier group, Bolivia, using digital photogrammetry, reconstruyó los cambios ocurridos en sus glaciares durante varias décadas mediante técnicas fotogramétricas.

El estudio encontró que los glaciares más pequeños del conjunto del Illimani, aquellos con superficies inferiores a un kilómetro cuadrado, experimentaron reducciones proporcionales cercanas al 76 % entre 1963 y 2009. Los investigadores relacionaron la pérdida de masa de hielo con cambios en las precipitaciones, la nubosidad y la temperatura del aire, aunque señalaron que los sectores más elevados conservaban condiciones que podían permitir cierta acumulación de nieve en determinados años.

Este antecedente demuestra que las advertencias actuales forman parte de una tendencia documentada desde hace décadas. También permite comprender por qué los glaciares de menor tamaño presentan mayor vulnerabilidad y por qué no corresponde afirmar que todo el Illimani desaparecerá en un plazo específico sin contar con proyecciones científicas que respalden esa conclusión.

El Chacaltaya, un antecedente de la desaparición de glaciares bolivianos

Uno de los ejemplos más conocidos del retroceso glaciar en Bolivia es el Chacaltaya, ubicado cerca de la ciudad de La Paz. Durante décadas, este nevado fue estudiado por científicos que documentaron una reducción progresiva de su superficie y volumen de hielo, hasta la desaparición de su glaciar a finales de la década de 2000.

Una investigación publicada en 2001, vinculada con científicos de la Universidad Mayor de San Andrés y otros centros de investigación, ya advertía sobre su deterioro. Entre 1992 y 1998, el Chacaltaya había perdido aproximadamente el 40 % de su espesor promedio y dos tercios de su volumen de hielo, mientras su superficie se había reducido en más del 40 %.

Los investigadores proyectaron entonces que, de mantenerse las condiciones climáticas observadas, el glaciar podría desaparecer en aproximadamente 15 años. Su pérdida se convirtió posteriormente en uno de los antecedentes más representativos de la vulnerabilidad de los pequeños glaciares tropicales frente al calentamiento global.

Senamhi también investigó la reducción de hielo en el Illimani

En otro antecedente relevante, el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) publicó una evaluación del retroceso del glaciar Illimani mediante imágenes satelitales. El estudio, elaborado por Adrián Wilson Mamani y Jhon Chura, analizó los cambios de cobertura entre 2017 y 2024 utilizando información de los satélites Sentinel-2 y Landsat.

La investigación aplicó el Índice de Diferencia Normalizada de Nieve (NDSI) para identificar variaciones en la superficie cubierta por nieve y hielo. El documento reportó una pérdida estimada de 1.315,82 hectáreas, equivalentes a 13,16 kilómetros cuadrados, durante el periodo evaluado. También señaló que las nevadas intensas de determinados años podían influir temporalmente en los resultados obtenidos mediante imágenes satelitales.

Estas mediciones aportan información complementaria sobre el Illimani, aunque no deben sumarse directamente a los porcentajes de pérdida registrados por otros investigadores. Las diferencias de periodo, metodología, delimitación y tratamiento de la cobertura de nieve pueden producir resultados distintos entre estudios.

El deshielo amenaza la regulación del agua y las actividades agrícolas

La desaparición progresiva de los glaciares también puede modificar la disponibilidad de agua en los territorios de montaña. Los glaciares funcionan como reservas naturales que almacenan parte de las precipitaciones en forma de nieve y hielo, y liberan agua gradualmente mediante el derretimiento, especialmente durante periodos secos.

En sus declaraciones publicadas por Red Uno, Edson Ramírez explicó que el abastecimiento de agua de las áreas urbanas depende principalmente de las precipitaciones que alimentan las represas. El investigador estimó que el aporte glaciar podría representar alrededor del 10 % en el contexto al que se refería, por lo que sería incorrecto afirmar que toda el agua de La Paz procede de los nevados.

Sin embargo, la reducción de estas reservas naturales puede afectar la regulación estacional de los caudales y modificar las condiciones de escorrentía. Ramírez advirtió que, cuando desaparece el almacenamiento glaciar, las precipitaciones pueden escurrir más directamente y favorecer el transporte de sedimentos durante lluvias intensas.

El estudio del Senamhi también identifica comunidades próximas al Illimani, entre ellas Challasirca, Tahuapalca, Lurgeta, Cachapalla, Cebollullo y Cohoni, donde el agua tiene importancia para las actividades agrícolas. Tahuapalca, por ejemplo, destaca por la producción de hortalizas, tubérculos, durazno y maíz, productos que contribuyen al abastecimiento alimentario de La Paz.

Algunos glaciares pequeños podrían desaparecer en las próximas dos décadas

Las proyecciones científicas indican que el futuro de los glaciares bolivianos dependerá en gran medida de las temperaturas que se registren durante las próximas décadas. Según Edson Ramírez, los glaciares pequeños situados por debajo de aproximadamente 5.300 a 5.400 metros de altitud, especialmente aquellos con espesores reducidos, podrían desaparecer durante los próximos 20 años.

El especialista explicó que la línea de equilibrio glaciar se encuentra actualmente alrededor de los 5.400 metros sobre el nivel del mar. Esta referencia permite distinguir las zonas donde la acumulación de nieve puede compensar las pérdidas de hielo de aquellas donde predominan los procesos de reducción de masa.

Por otra parte, el estudio publicado en Remote Sensing en marzo de 2026 evaluó distintos escenarios para la Cordillera Real. Uno de sus modelos proyecta una posible desaparición de la cobertura glaciar hacia comienzos de la década de 2070 si continúa una pérdida absoluta constante, mientras otro escenario estima que podría permanecer aproximadamente el 22 % de la superficie glaciar inicial hacia 2100.

Estas proyecciones no representan fechas definitivas de desaparición. Los propios investigadores advierten que la evolución futura dependerá de las condiciones climáticas y del comportamiento de las temperaturas, por lo que los resultados deben interpretarse como escenarios científicos y no como predicciones inevitables.

El retroceso glaciar exige mayor monitoreo y adaptación climática

La pérdida de hielo en el Illimani y otros nevados bolivianos plantea desafíos que van más allá de la transformación del paisaje. Sus consecuencias potenciales involucran la disponibilidad estacional de agua, los ecosistemas de alta montaña, la agricultura y las condiciones de vida de las comunidades que dependen de los recursos hídricos.

Las investigaciones revisadas coinciden en la importancia de mantener el monitoreo mediante imágenes satelitales, mediciones de campo y estudios hidrológicos. Estos instrumentos permiten identificar qué glaciares presentan mayores pérdidas, cómo cambian los caudales y qué territorios podrían necesitar medidas de adaptación.

El Illimani constituye uno de los casos más visibles de este proceso, pero la evidencia científica muestra que el retroceso glaciar afecta a diferentes cordilleras de Bolivia. La desaparición del Chacaltaya, la reducción de la cobertura de hielo en la Cordillera Real y las pérdidas identificadas en Apolobamba y Sajama evidencian una transformación ambiental sostenida.

La advertencia es cada vez más clara: Bolivia no solamente está perdiendo hielo en sus montañas, sino también parte de las reservas naturales que contribuyen a regular el agua y sostener los ecosistemas altoandinos. Frente a este escenario, el desafío será fortalecer la investigación científica y las políticas de adaptación antes de que los cambios se traduzcan en mayores dificultades para las poblaciones vulnerables.

Por: Joel Poma Chura - Comunicación Cecasem


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