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América Latina y el Caribe registran una caída del 95 % en las poblaciones de fauna silvestre monitoreadas en 52 años

octubre 13, 2026

El Índice Planeta Vivo 2026 revela que la región presenta el descenso más pronunciado del mundo, frente a una reducción promedio global del 73 %. La pérdida de hábitats, la degradación de los ecosistemas y el cambio climático amenazan la biodiversidad, aunque la recuperación de algunas especies demuestra que la conservación sostenida puede revertir estas tendencias.

Foto: Víctor Galeano Vía Mongabay

Las poblaciones de animales silvestres monitoreadas en América Latina y el Caribe registraron una disminución promedio del 95 % entre 1970 y 2022, la más pronunciada entre las regiones evaluadas por el Índice Planeta Vivo (IPV) 2026, elaborado por la Sociedad Zoológica de Londres (ZSL) y presentado por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF). El resultado refleja una profunda transformación de los ecosistemas de la región, donde la destrucción y degradación de hábitats continúa siendo una de las principales amenazas para la supervivencia de numerosas especies.

A escala mundial, el informe reporta una reducción promedio del 73 % en el tamaño de las poblaciones de vertebrados monitoreadas durante el mismo periodo. La investigación analiza 35.803 tendencias poblacionales correspondientes a 5.790 especies de mamíferos, aves, anfibios, reptiles y peces, y advierte que los mayores descensos se concentran en los ecosistemas de agua dulce, seguidos por los terrestres y marinos.

Sin embargo, WWF aclara que estas cifras no significan que América Latina haya perdido el 95 % de todos sus animales ni que hayan desaparecido nueve de cada diez especies. El índice mide el cambio proporcional promedio en el tamaño de las poblaciones estudiadas, por lo que sus resultados representan tendencias de abundancia y no un censo total de la fauna existente.

La destrucción de hábitats impulsa el declive de la biodiversidad

La pérdida y degradación de hábitats figura como la principal causa de disminución de poblaciones silvestres en América Latina y el Caribe. La transformación de bosques, humedales, ríos y otros ecosistemas reduce los espacios donde los animales encuentran alimento, refugio y condiciones adecuadas para reproducirse, al tiempo que fragmenta sus territorios y dificulta el desplazamiento entre poblaciones.

Según el informe, las aves y los reptiles se encuentran entre los grupos afectados por la degradación de sus hábitats, aunque también se identifican impactos importantes sobre mamíferos y anfibios. Estos últimos enfrentan amenazas adicionales relacionadas con los cambios de temperatura y las alteraciones ambientales, factores que pueden modificar las condiciones de humedad y otros elementos esenciales para su supervivencia.

En declaraciones a Mongabay Latam, Aimée Leslie Bogantes, coordinadora del gabinete de conservación de WWF para América Latina y el Caribe, explicó que algunos grupos de especies han experimentado disminuciones particularmente severas, lo que influye en los promedios regionales. La especialista también señaló que parte de la diferencia con Europa y Norteamérica responde a que aquellas regiones sufrieron importantes pérdidas de biodiversidad antes de 1970, año utilizado como punto de partida del índice.

La Amazonía se aproxima a un umbral crítico

Uno de los ecosistemas que concentra mayor preocupación es la Amazonía, cuya biodiversidad depende de la continuidad de los bosques, los ciclos de agua y las relaciones ecológicas que mantienen el funcionamiento de la selva tropical. WWF advierte que la deforestación y degradación acumuladas podrían acercar determinadas áreas amazónicas a un punto de inflexión, a partir del cual se producirían transformaciones difíciles de revertir.

Leslie Bogantes explicó que algunas investigaciones sitúan un posible umbral crítico de deforestación y degradación entre el 20 % y el 25 % de la Amazonía, mientras que las estimaciones citadas por la especialista ubican la afectación actual alrededor del 17 % al 18 %. Estos porcentajes corresponden a escenarios y estimaciones científicas, no a una fecha establecida para un colapso inevitable de todo el ecosistema.

La especialista advirtió que superar ciertos umbrales podría favorecer procesos de transformación del bosque hacia ecosistemas más secos y abiertos, con consecuencias sobre la biodiversidad, el almacenamiento de carbono y los ciclos regionales de lluvia. Frente a este riesgo, WWF plantea conservar los bosques que permanecen en pie y restaurar las superficies degradadas antes de que los cambios ambientales se profundicen.

La pérdida de fauna amenaza el equilibrio de los ecosistemas

La disminución de las poblaciones silvestres no representa únicamente la pérdida de animales individuales. Numerosas especies cumplen funciones esenciales para el mantenimiento de los ecosistemas, como la dispersión de semillas, la polinización, el control de otras poblaciones y la circulación de nutrientes, procesos que contribuyen a la regeneración de los bosques y a la estabilidad de los ambientes naturales.

Cuando las poblaciones se reducen de manera persistente, estas relaciones ecológicas pueden debilitarse y afectar la capacidad de recuperación de los ecosistemas frente a incendios, sequías y otras perturbaciones. En regiones como la Amazonía, donde existen complejas interacciones entre plantas, animales, ríos y comunidades humanas, la conservación de la fauna también está vinculada con la protección del agua, los alimentos y otros recursos fundamentales.

El informe plantea que América Latina mantiene una oportunidad decisiva para revertir las tendencias negativas debido a su extraordinaria riqueza biológica. No obstante, advierte que conservar la biodiversidad requiere actuar sobre las causas de su deterioro, en lugar de limitar las respuestas a la protección aislada de determinadas especies.

Tigres, tortugas verdes y atún rojo muestran que la recuperación es posible

Pese a la magnitud de las pérdidas, el Índice Planeta Vivo también presenta experiencias internacionales que demuestran que las tendencias negativas pueden revertirse mediante políticas de conservación sostenidas. Entre los ejemplos destacados se encuentran los tigres, cuya población mundial estimada pasó de aproximadamente 3.200 ejemplares en 2010 a cerca de 5.700 en 2025, como resultado de esfuerzos de protección y recuperación desarrollados durante varios años.

Otro caso es el de la tortuga verde (Chelonia mydas), cuya situación de conservación registró una mejora reconocida por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) en 2025. El informe también menciona la recuperación del atún rojo, una especie que había sufrido fuertes disminuciones por la presión pesquera y que se ha beneficiado de medidas de gestión y cooperación internacional.

Estos resultados muestran que la protección de hábitats, la regulación de actividades humanas y la coordinación entre gobiernos, organizaciones y comunidades pueden contribuir a recuperar poblaciones amenazadas. WWF destaca que aproximadamente la mitad de las poblaciones evaluadas a escala mundial presentan tendencias estables o crecientes, aunque ello no elimina la gravedad del descenso promedio registrado desde 1970.

WWF plantea transformar las inversiones y fortalecer a los pueblos indígenas

Ante el deterioro de la biodiversidad, WWF propone cinco líneas de acción para América Latina y el Caribe: ampliar las inversiones en infraestructura basada en la naturaleza, fortalecer el papel de los pueblos indígenas en la conservación, impulsar sistemas productivos libres de deforestación, promover una gestión pesquera sustentada en evidencia científica y participación comunitaria, y redirigir los flujos financieros hacia actividades ambientalmente sostenibles.

La organización considera fundamental que los gobiernos y sectores empresariales transparenten el destino de las inversiones y evalúen sus consecuencias ambientales. Entre las actividades que requieren mayores salvaguardas menciona la extracción de combustibles fósiles, la minería y la construcción de infraestructuras que alteran el funcionamiento de los ríos y otros ecosistemas.

Asimismo, WWF subraya la importancia de reconocer la participación de los pueblos indígenas y las comunidades locales, cuyos territorios y sistemas de conocimiento desempeñan un papel relevante en la conservación de los bosques. El planteamiento apunta a que la protección de la biodiversidad forme parte de las decisiones económicas y productivas, y no sea tratada como una responsabilidad separada del desarrollo.

Una advertencia para el futuro de la biodiversidad regional

La reducción promedio del 95 % en las poblaciones monitoreadas constituye una señal de alarma sobre la velocidad con la que se están transformando los ecosistemas latinoamericanos. Aunque el indicador no permite calcular la cantidad total de animales desaparecidos, sí muestra una tendencia sostenida de disminución en numerosas poblaciones de vertebrados durante más de cinco décadas.

Los casos de recuperación identificados por el informe demuestran que existen alternativas, pero también evidencian la necesidad de mantener los esfuerzos durante años y de coordinar decisiones entre países. Para WWF, el desafío consiste en detener la degradación de los hábitats, recuperar ecosistemas y transformar las actividades económicas que ejercen presión sobre la naturaleza, antes de que nuevas poblaciones alcancen niveles críticos.

Por: Joel Poma Chura - Comunicación Cecasem


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