El Gobierno boliviano inició los trámites y estudios para una carretera de 135 kilómetros entre San Ignacio de Velasco y la frontera con Brasil, con el objetivo de abrir un nuevo corredor comercial hacia Mato Grosso. El proyecto promete reducir costos logísticos y ampliar mercados, pero expertos consultados por Iván Paredes Tamayo, de Mongabay Latam, advierten que podría facilitar una nueva expansión agrícola y ganadera sobre el bosque chiquitano.

La futura conexión vial entre San Ignacio de Velasco y Brasil comienza a proyectarse sobre un territorio que ya registra una fuerte transformación de sus bosques.
El 31 de julio, el presidente Rodrigo Paz firmó un acuerdo para iniciar los estudios técnicos del tramo San Ignacio de Velasco–Marfil, que posteriormente se conectaría, del lado brasileño, con Vila Bela da Santíssima Trindade, en Mato Grosso, según la investigación de Iván Paredes Tamayo para Mongabay Latam.
El Ministerio de Obras Públicas informó a Mongabay Latam que el proyecto tendrá aproximadamente 135 kilómetros y busca mejorar la conectividad de una región con potencial productivo, forestal y ganadero. Según la cartera estatal, la carretera permitiría reducir costos de transporte, facilitar el acceso a mercados y convertirse en un nuevo eje del corredor bioceánico.
Sin embargo, la obra se plantea en un municipio donde la pérdida de bosque ya alcanza cifras significativas.
Datos del Instituto de Investigaciones Socio-Económicas de la Universidad Católica Boliviana (IISEC-UCB) citados por Mongabay Latam indican que entre 2017 y 2023 fueron desmontadas 324.275 hectáreas en San Ignacio de Velasco para actividades agropecuarias.
La cifra representó cerca del 15 % de toda la deforestación registrada en Bolivia durante ese periodo. El 52 % ocurrió en propiedades privadas empresariales o medianas y otro 36 % en tierras fiscales.
La Revista Nómadas también había identificado a San Ignacio como uno de los principales epicentros recientes del desmonte boliviano.
La preocupación adquiere mayor dimensión porque la Chiquitania contiene el bosque seco tropical más extenso de América. Fundación Tierra advierte que este ecosistema enfrenta una presión permanente por incendios y expansión agrícola.
A escala nacional, Bolivia registró en 2025 la segunda mayor pérdida de bosque tropical del mundo, de acuerdo con datos de Global Forest Watch citados por Mongabay Latam.
Stasiek Czaplicki, economista e investigador, señaló a Mongabay Latam que el trazado no estaría orientado principalmente a conectar centros poblados, sino a facilitar el movimiento de mercancías y el acceso a áreas con potencial para ampliar la frontera agropecuaria.
El investigador advierte que esa expansión podría profundizar problemas que ya afectan a la Chiquitania, entre ellos sequías, incendios y pérdida de cobertura forestal.
Miguel Vargas, abogado e investigador especializado en tierras bajas y pueblos indígenas, coincidió ante Mongabay Latam en que el riesgo principal no se limita al bosque que pueda ser removido directamente para construir la carretera.
Según Vargas, el impacto mayor podría aparecer posteriormente, cuando una mejor accesibilidad facilite la entrada a nuevas tierras y su conversión para agricultura, ganadería y monocultivos.
La relación entre carreteras y deforestación, sin embargo, debe entenderse como un riesgo proyectado y no como un impacto ya comprobado del proyecto, dado que los estudios técnicos bolivianos todavía están comenzando.
La firma del acuerdo estuvo acompañada por una amplia delegación de Mato Grosso integrada por autoridades y más de 50 empresarios brasileños de infraestructura, agronegocios, energía y servicios, según el Ministerio de Obras Públicas citado por Mongabay Latam.
Entre ellos estuvo Eraí Maggi, fundador y principal socio de Bom Futuro y una de las figuras más conocidas del agronegocio brasileño.
Durante un foro empresarial realizado previamente en São Paulo, Maggi habló públicamente sobre el interés que existe en invertir en Bolivia y reconoció que la llegada de empresarios brasileños podría influir en el valor de las tierras, según las declaraciones recogidas por Mongabay Latam.
Una investigación reciente de Bloomberg, también citada por el medio ambiental, analizó cómo la presión agroindustrial estaría desplazándose hacia Bolivia mientras Brasil endurece controles ambientales y reduce sus tasas de deforestación.
Desde Mato Grosso, el diputado estatal Valmir Moretto expresó a Mongabay Latam su respaldo al corredor y aseguró que del lado brasileño ya existen trabajos para conectar Vila Bela da Santíssima Trindade con la frontera.
Moretto sostiene que la vía permitirá reducir costos logísticos, ampliar el comercio y generar oportunidades para el oeste de Mato Grosso.
Esta posición coincide con la del Gobierno boliviano, que presenta la carretera como una infraestructura estratégica para integrar la producción regional con mercados nacionales e internacionales.
El debate, por tanto, no está centrado únicamente en construir o no una carretera, sino en qué modelo productivo podría expandirse alrededor de ella y cómo se evitará que la nueva conectividad profundice la pérdida del bosque chiquitano.
Los próximos estudios técnicos deberán precisar el trazado, financiamiento y características de la vía. También serán determinantes las evaluaciones ambientales y sociales para establecer qué territorios podrían resultar afectados y qué medidas deberán aplicarse antes de una eventual construcción.
Por: Joel Poma Chura - Comunicación Cecasem

