¿Hasta qué punto una red social puede ser responsable de que un adolescente no pueda dejar de usarla? Esa pregunta está en el centro de un juicio histórico contra Meta, acusada por 29 estados de Estados Unidos de haber diseñado Facebook e Instagram para fomentar conductas adictivas entre niñas, niños y adolescentes.

El proceso comenzó esta semana en un tribunal federal de Oakland, California, y podría convertirse en uno de los mayores desafíos legales que ha enfrentado Meta por el impacto de sus plataformas en menores de edad. Los estados demandantes sostienen que determinadas funciones de las redes sociales Facebook e Instagram fueron desarrolladas para mantener a los usuarios conectados durante más tiempo, mientras la compañía rechazó haber buscado deliberadamente generar adicción y aseguró haber incorporado medidas destinadas a proteger a adolescentes.
La acusación va más allá del tiempo frente a una pantalla. La fiscal general adjunta de California, Megan O’Neill, sostuvo que el modelo habría utilizado características de diseño capaces de aprovechar la vulnerabilidad de los usuarios jóvenes para aumentar su permanencia en las plataformas. Los demandantes también cuestionaron los filtros de apariencia, herramientas de control del tiempo que consideraron fáciles de eludir y la presunta recopilación de información de menores de 13 años sin consentimiento parental. Además de sanciones económicas, los estados estan buscando cambios en las aplicaciones para reducir comportamientos considerados obsesivos o compulsivos.
Uno de los testimonios centrales durante el inicio del juicio fue el de Arturo Bejar, exempleado de Meta, quien declaró haber advertido a altos funcionarios de la empresa sobre daños que, según él, estaban relacionados con la manera en que Instagram había sido diseñado. Los fiscales sostienen que la compañía conocía estos riesgos y no tomó medidas suficientes para corregirlos. Meta rechazó esa interpretación y afirmó que ha trabajado con familias, especialistas y autoridades para desarrollar herramientas de seguridad y mejorar la experiencia de los usuarios jóvenes.
La propia defensa presentó un dato que muestra la dimensión del debate: según una encuesta interna citada por Meta, alrededor del 20 % de los adolescentes consultados afirmó sentirse peor al utilizar Instagram. La compañía argumenta que precisamente este tipo de información impulsó medidas de protección y destacó que durante los últimos tres meses eliminó alrededor de 600.000 cuentas vinculadas con usuarios que no cumplían la edad mínima permitida.
El juicio también ha colocado en primer plano a familias que atribuyen graves daños sufridos por sus hijos al uso de redes sociales por lo que reclaman mayor responsabilidad a las empresas tecnológicas. El proceso podría extenderse entre cuatro y seis semanas y se espera que entre los testigos se encuentren el director ejecutivo de Meta, Mark Zuckerberg, y el responsable de Instagram, Adam Mosseri. El litigio forma parte de una discusión judicial más amplia que alcanza a otras grandes plataformas digitales.
Aunque el proceso ocurre en Estados Unidos, el debate trasciende sus fronteras. En países como Bolivia, donde las redes sociales forman parte de la vida cotidiana de niñas, niños y adolescentes, la discusión plantea una cuestión que va más allá del control parental: ¿hasta dónde llega la responsabilidad de las familias y dónde comienza la de las empresas que diseñan las plataformas? El resultado del juicio podría convertirse en un precedente importante para una discusión global sobre protección de la niñez, diseño tecnológico y responsabilidad empresarial en los entornos digitales.
Por: Monserrath N. Murillo Ezcurra - Comunicación

