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Menos agua, más contaminación y menos oxígeno: El Niño podría desencadenar una cadena de impactos en el Titicaca

agosto 13, 2026

Una reducción significativa del nivel del lago Titicaca durante el fenómeno de El Niño 2026-2027 podría desencadenar efectos que van mucho más allá del retroceso de sus costas. Especialistas consultados por ANF advierten que el aumento de temperaturas, una eventual sequía y una mayor evaporación podrían concentrar contaminantes, favorecer proliferaciones de algas y reducir el oxígeno disponible para peces y anfibios.

Foto: CNN

El descenso del nivel del lago Titicaca podría convertirse en el primer eslabón de una cadena de alteraciones ambientales que afectaría simultáneamente al agua, la biodiversidad, los totorales y las comunidades que dependen de este ecosistema.

El biólogo y ecólogo de aguas Julio Pinto Mendieta explicó a ANF que el escenario previsto para 2026-2027 podría alterar significativamente el balance hídrico del lago debido a la combinación de menores precipitaciones y temperaturas más elevadas.

Pinto precisó que aproximadamente el 90 % de la pérdida natural de agua del Titicaca ocurre mediante evaporación. Este dato no significa que el lago vaya a perder el 90 % de su volumen durante El Niño, sino que la evaporación constituye actualmente su principal vía de pérdida de agua y podría intensificarse ante temperaturas superiores a las habituales.

El biólogo e investigador climático Julio Rojas Guamán coincidió, en declaraciones recogidas por ANF, en que una sequía severa combinada con temperaturas elevadas podría acelerar el descenso del nivel del lago.

Sin embargo, ambos análisis describen escenarios de riesgo. La magnitud real dependerá de cómo evolucione el fenómeno climático durante los próximos meses.

Huiñaymarca podría sentir primero el descenso

Uno de los sectores más vulnerables sería el Lago Menor o Huiñaymarca.

Pinto explicó a ANF que su menor profundidad y sus amplias riberas hacen que pequeñas variaciones verticales del nivel puedan traducirse en retrocesos importantes de la línea costera.

Poblaciones como Batallas y Puerto Pérez podrían observar cómo el agua se aleja progresivamente de las zonas que actualmente forman parte de sus riberas.

La infografía elaborada a partir del análisis de ambos expertos también identifica al Lago Menor como una zona crítica ante una eventual reducción del espejo de agua.

Esta transformación no tendría únicamente consecuencias paisajísticas. El desplazamiento de la costa puede modificar áreas de pesca, zonas de reproducción de especies y espacios utilizados para actividades productivas.

El agua más caliente puede contener menos oxígeno

El siguiente impacto podría producirse dentro del propio ecosistema acuático.

Pinto explicó a ANF que un incremento de entre uno y dos grados en la temperatura del agua puede acelerar procesos metabólicos y favorecer la proliferación excesiva de algas, fenómeno conocido como bloom.

Cuando esas algas se multiplican de manera descontrolada y posteriormente se descomponen, consumen parte del oxígeno disponible.

Si la concentración de oxígeno disminuye demasiado, pueden generarse condiciones de anoxia, es decir, niveles insuficientes para sostener adecuadamente la vida acuática.

Según Pinto, ese escenario puede provocar mortandades de peces y anfibios.

La secuencia advertida por los especialistas sería entonces progresiva: menos agua, mayor temperatura, proliferación de algas, disminución de oxígeno y mayor mortalidad de fauna acuática.

No obstante, este proceso dependería de las condiciones reales de temperatura, nutrientes y contaminación presentes en cada sector del lago.

Menos agua también puede concentrar la contaminación

Rojas agregó a ANF otro elemento: cuando disminuye el volumen de un cuerpo de agua, determinados contaminantes y microorganismos pueden quedar concentrados en una cantidad menor de líquido.

Por esta razón, un descenso significativo del Titicaca podría profundizar problemas de contaminación que ya existen en sectores del sistema lacustre.

La disminución del agua no necesariamente generaría nuevos contaminantes, pero sí podría modificar su concentración y las condiciones químicas y biológicas del ecosistema.

A esto se suma una posible mayor proliferación de cianobacterias y otros microorganismos favorecidos por temperaturas elevadas y exceso de nutrientes.

Rojas sostuvo que los efectos exactos todavía son difíciles de dimensionar, debido a la falta de registros locales comparables con un fenómeno de la intensidad que plantea su escenario.

La totora puede convertirse en una señal temprana

Otro indicador podría encontrarse en las orillas.

Los cinturones de totora cumplen funciones de refugio, alimentación y reproducción para diferentes especies acuáticas y aves.

La infografía basada en las declaraciones recogidas por ANF señala que una disminución del nivel del agua podría dejar parte de esta vegetación litoral fuera de las condiciones hídricas que necesita para mantenerse.

La pérdida o retroceso de los totorales significaría también una reducción de espacios utilizados por peces para reproducirse y protegerse.

De esta manera, los cambios en la vegetación costera podrían servir como una de las primeras señales visibles del deterioro del ecosistema.

Carachi e ispi enfrentarían una presión adicional

El escenario climático se sumaría a problemas que determinadas especies nativas ya enfrentan.

Pinto señaló a ANF que peces como el carachi y el ispi están sometidos a presiones relacionadas con contaminación, sobrepesca y competencia con especies introducidas, entre ellas la trucha y el pejerrey.

El experto advirtió además sobre el fuerte retroceso de la boga, una especie nativa cuya presencia se ha reducido considerablemente.

Si las condiciones de anoxia, pérdida de hábitat y aumento de temperatura se intensifican, carachi e ispi podrían enfrentar una presión adicional.

La infografía resume este escenario mostrando la posible pérdida de especies sensibles y una mayor presión sobre las poblaciones que todavía permanecen en el lago.

La crisis no terminaría en el agua

Los efectos alcanzarían también a las poblaciones del altiplano.

Rojas explicó a ANF que una disminución prolongada de las lluvias podría reducir la disponibilidad de agua para la agricultura y la ganadería, limitar la producción de forraje y afectar las fuentes utilizadas por los animales.

El especialista recordó los efectos sociales registrados durante El Niño de 1982-1983 y planteó que un escenario climático particularmente severo podría generar nuevas presiones sobre las familias rurales.

No obstante, cualquier comparación debe manejarse como antecedente histórico y no como una predicción directa de desplazamientos poblacionales durante 2026-2027.

Los glaciares también entrarían en la ecuación

El posible impacto tampoco estaría restringido al lago.

Rojas advirtió a ANF que temperaturas elevadas pueden acelerar la pérdida de hielo en los glaciares de la Cordillera Real.

Además, las partículas provenientes de incendios forestales pueden depositarse sobre superficies nevadas y glaciares, oscurecerlas y reducir su capacidad de reflejar radiación.

Una superficie más oscura absorbe mayor energía solar y puede favorecer el derretimiento.

La reducción glaciar representa una preocupación adicional porque estas reservas de hielo contribuyen a la regulación hídrica de varias cuencas del altiplano.

El monitoreo será decisivo

Frente a este escenario, Pinto planteó a ANF utilizar imágenes satelitales y series temporales que permitan seguir la evolución del espejo de agua y comparar los cambios de la línea costera.

Rojas propuso complementar esa vigilancia con mediciones permanentes de la calidad del agua.

La información debería incluir niveles del lago, temperatura, oxígeno disuelto, proliferación de algas, concentración de contaminantes y cambios en la vegetación litoral.

Estas mediciones permitirían distinguir entre proyecciones y efectos que efectivamente comiencen a materializarse.

El principal riesgo, por tanto, no consiste únicamente en que el Titicaca tenga menos agua. El verdadero punto crítico aparecería si ese descenso comienza a alterar simultáneamente la temperatura, el oxígeno, la contaminación, los totorales, la fauna y las actividades de las poblaciones ribereñas.

El seguimiento de estos indicadores durante los próximos meses permitirá determinar hasta qué punto los escenarios planteados por los especialistas consultados por ANF comienzan —o no— a reflejarse en el lago.

Por: Joel Poma Chura - Comunicación Cecasem


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