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El agua cumple los controles habituales, pero la UMSA detecta riesgos que la norma todavía no vigila

agosto 13, 2026

Un diagnóstico de la Universidad Mayor de San Andrés encontró que la mayoría de los parámetros convencionales del agua potable de La Paz se mantiene dentro de los límites establecidos. Sin embargo, pruebas microbiológicas, moleculares y toxicológicas más avanzadas identificaron bacterias, genes de resistencia a antibióticos, parásitos y señales de potencial mutagénico que plantean la necesidad de ampliar la vigilancia y actualizar los estándares de calidad.

Foto: UMSA

El agua potable de La Paz puede cumplir los parámetros tradicionales de control y, al mismo tiempo, contener indicadores que la normativa actual todavía no busca de manera sistemática. Esa es una de las principales conclusiones de un diagnóstico integral presentado por la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), que siguió el recorrido del recurso desde fuentes y represas hasta los grifos de la ciudad.

La investigación examinó las subcuencas y represas de Hampaturi, Incachaca, Estrellani, Pampalarama, Chacaltaya, Alpaquita y Milluni, además de las redes de distribución de Achachicala, Pampahasi y Chuquiaguillo.

Dentro del área urbana, la UMSA trabajó con 45 muestras de agua potable, varias obtenidas directamente de grifos conectados a la red en escuelas, hospitales y domicilios, evitando la intermediación de tanques domiciliarios. Las pruebas abarcaron parámetros fisicoquímicos, microbiológicos, moleculares y toxicológicos.

Los resultados ofrecen inicialmente un dato tranquilizador: los análisis convencionales no encontraron una proliferación crítica de Escherichia coli y los parámetros bacteriológicos evaluados cumplieron la Norma Boliviana 512, que establece requisitos para el agua destinada al consumo humano.

Pero cuando los investigadores aplicaron técnicas más especializadas apareció un escenario diferente.

Bacterias resistentes después del tratamiento

La UMSA informó que los análisis profundos identificaron bacterias como Pseudomonas y Legionella pneumophila, además de genes asociados con resistencia antimicrobiana. La docente investigadora María Teresa Álvarez explicó que estos microorganismos son considerados patógenos emergentes y que su presencia requiere vigilancia, aunque pidió evitar interpretaciones alarmistas.

En el caso de Pseudomonas, la investigación observó persistencia después del tratamiento del agua. Estas bacterias pueden formar biofilms o biopelículas: comunidades microscópicas que se adhieren al interior de tuberías y otras superficies y que pueden aumentar su capacidad de permanecer frente a procesos de desinfección.

Según la UMSA, también fueron detectados genes vinculados con resistencia a antibióticos utilizados ampliamente, entre ellos penicilinas como ampicilina y amoxicilina, además del gen mecA en las redes estudiadas.

La presencia de estos genes no significa que una persona que beba agua vaya necesariamente a contraer una infección resistente. Su importancia reside en que la resistencia antimicrobiana puede circular en el ambiente y transferirse entre microorganismos, convirtiendo al agua en uno de los espacios que requieren seguimiento científico.

La propia universidad cuenta con líneas de investigación previas sobre resistencia antimicrobiana en aguas superficiales y bacterias aisladas de redes de distribución de La Paz y El Alto, lo que muestra que el problema forma parte de una agenda científica más amplia.

Parásitos que el cloro puede no eliminar por completo

Otro de los hallazgos informados por la UMSA corresponde a Cryptosporidium y/o amebas detectados en determinados puntos de las redes de Achachicala, Pampahasi y Chuquiaguillo. En estos casos, los parámetros reportados quedaron fuera de norma.

Cryptosporidium representa un desafío particular porque sus formas resistentes pueden soportar mejor determinados procesos convencionales de cloración.

Esto no implica que toda la red de La Paz presente contaminación parasitaria permanente. Las muestras corresponden a puntos y momentos específicos, y la propia investigadora María Teresa Álvarez subrayó que la calidad del agua es dinámica y puede modificarse con el tiempo.

Esa característica refuerza una de las principales recomendaciones del estudio: pasar de controles aislados a un monitoreo más continuo desde las fuentes hasta los puntos de consumo.

Los metales muestran un panorama distinto

El diagnóstico también buscó arsénico, cadmio, plomo y otros elementos relacionados con contaminación química.

En las redes de distribución, la gran mayoría de estos metales se encontró por debajo del límite de detección o dentro de márgenes considerados seguros, informó la UMSA.

Los investigadores sí identificaron condiciones asociadas con actividad minera en determinadas fuentes, principalmente en cuencas como Hampaturi y Milluni, por lo que plantearon reforzar la vigilancia en zonas donde existe influencia minera.

Este punto debe diferenciarse claramente: detectar condiciones químicas adversas en una fuente o represa no equivale a encontrar los mismos niveles en el agua que finalmente llega al grifo, debido a los procesos de tratamiento que existen entre ambos puntos.

Microorganismos que pueden esconderse dentro de las tuberías

Uno de los aspectos que el estudio siguió fue lo que ocurre durante el recorrido entre la planta de tratamiento y el consumidor.

La UMSA identificó biofilms en diferentes etapas. Estas películas microscópicas pueden formarse en represas, redes de distribución, tuberías y también dentro de los tanques domiciliarios.

Dentro de estas estructuras, los microorganismos encuentran condiciones que pueden protegerlos parcialmente frente a procesos de desinfección.

Por esa razón, Álvarez recomendó que los hogares que utilizan tanques de almacenamiento realicen una limpieza periódica.

Las muestras urbanas del estudio fueron tomadas, en varios casos, directamente desde conexiones de red precisamente para evitar que un tanque domiciliario alterara los resultados y permitiera distinguir mejor lo que ocurre en la infraestructura de distribución.

Una prueba que la norma boliviana todavía no contempla

Una de las principales novedades metodológicas fue la utilización del Test de Ames, una prueba que permite identificar si determinadas sustancias presentes en una muestra tienen capacidad potencial de producir alteraciones en material genético.

La UMSA reportó señales de potencial mutagénico en determinadas evaluaciones.

Este resultado requiere una interpretación especialmente cuidadosa: un resultado positivo en este tipo de prueba no demuestra que beber esa agua vaya a producir cáncer, mutaciones o una enfermedad específica en las personas. Se trata de una señal toxicológica que indica la necesidad de investigar qué compuestos podrían estar generando la respuesta y cuál sería su relevancia real para la salud humana.

La Ley 1333 y la Norma Boliviana 512 no incorporan actualmente este tipo de determinaciones genotóxicas dentro de los controles habituales, según explicó la universidad.

Precisamente allí radica uno de los principales argumentos de la investigación: las herramientas regulatorias diseñadas para contaminantes tradicionales podrían necesitar ampliarse frente a nuevos riesgos microbiológicos, químicos y ambientales.

Una norma frente a riesgos que están cambiando

María Teresa Álvarez sostuvo que los resultados deberían impulsar una actualización de la normativa sobre calidad del agua, especialmente porque el cambio climático, las modificaciones en las cuencas y las nuevas presiones ambientales pueden alterar las características del recurso.

La investigadora también hizo una precisión fundamental: las muestras representan fotografías de momentos determinados.

“En otro momento puede que esas determinaciones varíen y pasen el límite permisible”, explicó Álvarez, según el reporte de la UMSA, al indicar que algunos parámetros se encontraban próximos a esos límites.

Esto implica que un resultado dentro de norma no constituye una garantía permanente y que un resultado puntual fuera de determinados parámetros tampoco permite caracterizar toda una red sin mediciones adicionales.

De las represas hasta el grifo

El diagnóstico fue desarrollado conjuntamente por tres unidades de la UMSA: el Instituto de Investigaciones Fármaco Bioquímicas, responsable de los componentes microbiológico, molecular y toxicológico; el Instituto de Investigaciones Químicas, encargado de metales y otros parámetros químicos; y el Instituto de Ingeniería Sanitaria y Ambiental, que analizó variables fisicoquímicas y procedimientos de muestreo.

La rectora María Eugenia García señaló que los resultados serán puestos a consideración de las instituciones responsables del tratamiento y distribución del agua con el objetivo de establecer mecanismos de monitoreo permanente y medidas de prevención.

La universidad también planteó coordinar con EPSAS, establecer estaciones de vigilancia en reservorios y plantas de tratamiento y prestar especial atención a zonas sometidas a presión minera.

Para la ciudadanía, los investigadores recomendaron observar cambios inusuales de olor, color o sedimentos, mantener limpios los depósitos domiciliarios y hervir el agua como medida preventiva frente a determinados riesgos microbiológicos.

El siguiente paso será definir qué hallazgos pueden incorporarse de manera permanente a los sistemas oficiales de vigilancia y cuáles requieren estudios adicionales.

El diagnóstico deja así una pregunta que trasciende los resultados de una sola campaña de muestreo: si la ciencia ya puede detectar riesgos que los controles tradicionales no buscan, ¿deberían cambiar también las reglas con las que Bolivia decide cuándo su agua es segura?

Por: Joel Poma Chura - Comunicación Cecasem


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