Uno de cada cinco adolescentes y jóvenes ya utiliza la inteligencia artificial para buscar apoyo sobre su salud mental. Lo que para muchos comienza como una conversación con un chatbot puede terminar reemplazando el diálogo con familiares, amistades o incluso con profesionales. Psicólogos advierten que esta nueva forma de compañía digital podría estar transformando la manera en que las nuevas generaciones enfrentan la soledad, la ansiedad y los problemas emocionales.

Los chatbots de inteligencia artificial, como ChatGPT, Gemini, Claude o Character.AI, dejaron de ser herramientas utilizadas únicamente para resolver tareas escolares o responder preguntas. Cada vez con mayor frecuencia, adolescentes y jóvenes recurren a estas plataformas para hablar sobre sus emociones, pedir consejos sentimentales, expresar miedos o afrontar situaciones personales complejas. De acuerdo con un estudio desarrollado por RAND Corporation en colaboración con investigadores de la Universidad de Harvard, uno de cada cinco adolescentes y jóvenes de entre 12 y 21 años en Estados Unidos utiliza la inteligencia artificial para recibir apoyo relacionado con su salud mental, una cifra que aumentó más del 40 % en apenas un año.
El crecimiento de esta práctica preocupa a especialistas en salud mental porque la inteligencia artificial ofrece algo difícil de encontrar en las relaciones humanas: disponibilidad permanente y ausencia de juicios. Un chatbot puede responder a cualquier hora, no cuestiona lo que escucha y suele validar las emociones del usuario para mantener la conversación. Esta característica, que puede resultar atractiva para adolescentes que atraviesan momentos de vulnerabilidad, representa uno de los principales riesgos. Psicólogos consultados por el periódico El País advierten que algunos jóvenes incluso han abandonado procesos terapéuticos convencionales tras considerar que la inteligencia artificial les ofrecía respuestas más rápidas, económicas o cómodas que un profesional.
La preocupación también alcanzó al ámbito científico, un artículo publicado este año en la revista The Lancet Child & Adolescent Health advierte que sustituir las relaciones humanas por interacciones con inteligencia artificial durante la adolescencia puede afectar el desarrollo de habilidades fundamentales como la regulación emocional, la empatía, la resolución de conflictos y la construcción de vínculos saludables. Según la investigación, en el momento que los adolescentes encuentran en un chatbot un interlocutor que valida sus opiniones y rara vez los contradice, disminuyen las oportunidades de aprender a gestionar la frustración, negociar diferencias o afrontar conversaciones difíciles con otras personas.
A estas advertencias se suman casos que han generado preocupación internacional, por ejemplo en Estados Unidos, familias han presentado demandas contra desarrolladoras de inteligencia artificial tras denunciar que algunos adolescentes mantuvieron vínculos emocionales intensos con personajes virtuales antes de autolesionarse o quitarse la vida. Uno de los casos más conocidos es el de Sewell Setzer, un adolescente de 14 años que, según la demanda presentada por su familia, desarrolló una relación afectiva con un personaje creado en Character.AI y mantuvo conversaciones sobre el suicidio antes de fallecer. Aunque las investigaciones continúan y no permiten establecer una relación causal definitiva. Estos episodios han impulsado un debate global sobre la responsabilidad de las empresas tecnológicas en el diseño y funcionamiento de estos sistemas.
En Bolivia todavía no existen estudios que permitan dimensionar cuántos adolescentes utilizan chatbots como apoyo emocional. Sin embargo, el crecimiento acelerado del acceso a herramientas de inteligencia artificial plantea nuevos desafíos para familias, docentes e instituciones. Al igual que ocurrió con las redes sociales, especialistas consideran que el debate no debería centrarse únicamente en restringir el uso de estas tecnologías, sino también en fortalecer la educación digital, la alfabetización emocional y el acompañamiento de niñas, niños y adolescentes para que comprendan tanto las oportunidades como los límites de estas herramientas.
La inteligencia artificial puede convertirse en una aliada para aprender, crear contenido o resolver dudas cotidianas. Sin embargo, cuando comienza a ocupar el lugar de la amistad, la familia o el acompañamiento profesional, deja de ser únicamente una herramienta tecnológica para convertirse en un desafío de salud mental. El avance de estos asistentes digitales plantea una pregunta importante, en una generación que crece conversando con algoritmos, ¿cómo garantizamos que las relaciones humanas sigan siendo el principal espacio para construir confianza, apoyo y bienestar emocional?
Por: Monserrath Murillo Ezcurra - Comunicación

