Aunque la agricultura familiar produce aproximadamente el 61% de los alimentos que consumen los bolivianos, miles de productores venden sus cosechas sin incorporar el costo total de su trabajo, generando lo que investigadores denominan una “subvención invisible” que beneficia a consumidores y mercados urbanos.

Según datos del informe Ingresos Familiares Anuales de Campesinos e Indígenas Rurales en Bolivia, elaborado por el Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (CIPCA), la agricultura familiar representa el 98% de las unidades productivas del país y aporta alrededor del 61% de los alimentos consumidos por la población. Sin embargo, los ingresos del sector continúan limitados por factores estructurales relacionados con el acceso a mercados, tecnología, financiamiento y condiciones climáticas.
La mayor parte de las hortalizas, tubérculos, frutas, leche y otros alimentos que llegan diariamente a las mesas bolivianas proviene de la agricultura familiar. Sin embargo, detrás de esta producción existe una realidad económica poco visible: una parte significativa del trabajo realizado por las familias productoras no suele incorporarse en el cálculo final de los costos de producción.
De acuerdo con declaraciones del investigador Mario Vargas, del Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (CIPCA), recogidas por la Agencia de Noticias Fides (ANF), este fenómeno genera lo que denomina una "subvención invisible" desde el productor hacia la sociedad. Según explicó, muchos agricultores familiares no contabilizan económicamente el tiempo destinado a preparar la tierra, sembrar, cuidar los cultivos, cosechar o clasificar los productos.
“Muchas veces el productor considera que ese trabajo es parte de la vida cotidiana y no lo incorpora como un costo económico”, señaló Vargas en declaraciones difundidas por ANF.
La consecuencia es que numerosos alimentos llegan al mercado con precios inferiores a su costo real de producción. El investigador citó como ejemplo el caso de la papa, cuya arroba puede comercializarse alrededor de los 45 bolivianos, aunque el valor podría incrementarse considerablemente si se incorporara el costo total de la mano de obra familiar y otros recursos utilizados durante todo el proceso productivo.
Los datos contenidos en el informe Ingresos Familiares Anuales de Campesinos e Indígenas Rurales en Bolivia, elaborado por CIPCA, muestran la magnitud del aporte realizado por el sector. El estudio señala que la agricultura familiar genera aproximadamente el 61% de los alimentos consumidos en el país, mientras que concentra el 98% de las unidades productivas nacionales.
A pesar de esta participación, el mismo informe indica que el ingreso familiar anual promedio de los productores campesinos e indígenas alcanza los Bs 32.858. Asimismo, revela que el 83% de los ingresos familiares proviene de la producción propia, mientras que apenas el 11% corresponde a la venta de fuerza de trabajo fuera de la unidad productiva.
Las diferencias regionales también son significativas. Según el estudio de CIPCA, la región de la Amazonía Sur registra ingresos familiares anuales promedio de Bs 45.579, mientras que en el Chaco el promedio alcanza Bs 23.838.
El análisis presentado por CIPCA identifica diferencias estructurales entre la agricultura familiar y la agroindustria.
Mientras la producción agroindustrial opera generalmente mediante cadenas de comercialización establecidas, acceso a mercados definidos y esquemas de financiamiento especializados, los pequeños productores suelen asumir directamente la búsqueda de compradores y la negociación de precios.
En declaraciones citadas por ANF, Mario Vargas sostuvo que la agricultura familiar desarrolla sistemas productivos diversificados capaces de combinar varios cultivos en superficies relativamente reducidas. En muchos casos, estas unidades producen simultáneamente frutas, tubérculos, hortalizas, cacao, café y otros alimentos destinados tanto al autoconsumo como a la comercialización.
No obstante, esa diversificación productiva no siempre se traduce en mejores ingresos económicos.
“El sistema está diseñado para que la soya tenga un mercado asegurado, mientras que el productor de alimentos básicos tiene que resolver por sí mismo cómo vender”, afirmó Vargas, según la entrevista publicada por ANF.
El informe de CIPCA también identifica factores que continúan limitando la rentabilidad y sostenibilidad de la agricultura familiar.
Entre ellos se encuentran la fragmentación de las tierras productivas, el acceso restringido al crédito, la limitada asistencia técnica, la escasa incorporación de tecnologías adaptadas a las condiciones locales y los efectos crecientes del cambio climático.
Sequías, inundaciones y heladas han incrementado la incertidumbre productiva en distintas regiones del país, mientras que la migración hacia las ciudades y el envejecimiento de la población rural reducen progresivamente la disponibilidad de mano de obra en las comunidades agrícolas.
Según explicó Vargas a ANF, la ausencia de una política sostenida de investigación y desarrollo tecnológico orientada a la pequeña producción también constituye uno de los desafíos pendientes para el sector.
En este contexto, los datos recopilados por CIPCA muestran que una parte importante de la alimentación nacional continúa dependiendo del trabajo de miles de familias campesinas e indígenas cuyos costos productivos no siempre son reflejados plenamente en el precio final de los alimentos que consumen los bolivianos.
Por: Joel Poma Chura - Comunicación Cecasem

