Las investigaciones sobre pérdida de bosques en territorios indígenas amazónicos y el reciente decomiso de 108 toneladas de cocaína y ketamina impregnadas en madera boliviana muestran cómo distintos procesos económicos y actividades ilícitas convergen sobre los mismos ecosistemas forestales del país.

Entre 2003 y 2023 se perdieron más de 186.500 hectáreas de bosque dentro de territorios indígenas amazónicos y, según un análisis realizado a partir de datos de la Autoridad de Fiscalización y Control Social de Bosques y Tierras (ABT), alrededor del 90 % de esa deforestación ocurrió fuera de áreas autorizadas. Paralelamente, una investigación desarrollada por la Fiscalía de Arica y Parinacota, en Chile, identificó una red internacional que utilizó tablones de tajibo y almendrillo procedentes de Bolivia para transportar droga hacia distintos mercados internacionales.
La magnitud de ambos fenómenos ha puesto nuevamente la atención sobre los bosques amazónicos bolivianos, donde convergen actividades relacionadas con la expansión agrícola, la explotación forestal, los conflictos por la tierra y, más recientemente, investigaciones vinculadas al narcotráfico internacional.
De acuerdo con la investigación periodística desarrollada por Mongabay Latam, RAI Bolivia y Asuntos Centrales, basada en información de la ABT, el INRA, la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN) y plataformas de monitoreo satelital, más de 168.000 hectáreas de bosque fueron desmontadas fuera del marco legal en territorios indígenas amazónicos durante las últimas dos décadas.
El estudio también documentó que 28 de los 30 territorios indígenas consultados reportaron avasallamientos y ocupaciones por terceros, mientras que la expansión de actividades agropecuarias continúa siendo una de las principales causas de transformación del paisaje amazónico.
En ese contexto, la Fiscalía de Arica y Parinacota informó este año el decomiso de 108 toneladas de cocaína y ketamina impregnadas en madera procedente de Bolivia, considerada la mayor incautación de drogas registrada en la historia de Chile.
Según el informe difundido por las autoridades chilenas y citado por Mongabay Latam, los grupos criminales utilizaron principalmente tablones elaborados con tajibo (Handroanthus spp.) y almendrillo (Dipteryx odorata), especies forestales presentes en regiones amazónicas de Bolivia.
La investigación estableció que al menos 45 contenedores contaminados fueron detectados en los puertos de Arica, Valparaíso y San Antonio. Los embarques tenían como destino países de Europa, Norteamérica, África y el Caribe.
El fiscal regional de Arica y Parinacota, Mario Carrera, declaró a medios chilenos que gran parte de la madera utilizada en el esquema provenía de zonas amazónicas bolivianas, particularmente del departamento de Pando.
Las pesquisas también determinaron que la droga era introducida en la estructura interna de la madera mediante procesos químicos especializados. De acuerdo con la Fiscalía chilena, el procedimiento incluía etapas de deshidratación, vacío y presión para incorporar sustancias ilícitas en las fibras del material, dificultando su detección mediante controles convencionales.
El caso ha generado preocupación adicional debido a que las mismas especies forestales aparecen actualmente en un debate técnico sobre su aprovechamiento comercial. Según documentos internos del Ministerio de Planificación del Desarrollo y Medio Ambiente citados por medios especializados, evaluaciones técnicas recomendaron rechazar propuestas para incrementar los volúmenes de extracción de especies de tajibo y almendrillo sujetas a regulación internacional mediante la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES).
Las observaciones identificaron inconsistencias metodológicas, limitaciones en las muestras de campo y cuestionamientos sobre los cálculos utilizados para estimar volúmenes sostenibles de aprovechamiento.
Aunque las investigaciones sobre deforestación, aprovechamiento forestal y narcotráfico corresponden a ámbitos distintos, todas coinciden en un mismo territorio: los bosques amazónicos de Bolivia.
Especialistas consultados por distintos medios han señalado que la combinación de desmontes ilegales, expansión agropecuaria, presión sobre especies maderables de alto valor comercial y actividades ilícitas asociadas al comercio internacional representan desafíos crecientes para la gestión y conservación de los ecosistemas amazónicos.
Mientras continúan las investigaciones judiciales en Bolivia y Chile, los datos disponibles muestran que los bosques amazónicos no solo enfrentan presiones vinculadas a la expansión de actividades productivas, sino que también pueden convertirse en escenarios utilizados por redes criminales que operan a escala internacional.
Por: Joel Poma Chura - Comunicación Cecasem

