Bolivia continúa figurando entre los países con mayor extensión de cobertura forestal en Sudamérica, con aproximadamente entre 50 y 55 millones de hectáreas de bosque, lo que representa cerca del 50% de su territorio nacional, según datos del sistema internacional Global Forest Watch. Esta base forestal incluye ecosistemas amazónicos, bosque seco chiquitano y regiones de alta biodiversidad que además cumplen funciones clave en la regulación climática y el almacenamiento de carbono.

Sin embargo, los datos más recientes evidencian una tendencia sostenida de pérdida de cobertura forestal en niveles elevados. En los últimos años, el país ha registrado pérdidas cercanas a las 800.000 hectáreas anuales, alcanzando en 2025 una cifra aproximada de 818.000 hectáreas de bosque perdido. De ese total, alrededor del 76% corresponde a bosque primario, es decir, áreas que no han sido previamente intervenidas y que concentran mayor valor ecológico y climático.

A pesar de albergar aproximadamente el 4% del bosque primario mundial, Bolivia concentra cerca del 14% de la pérdida global, lo que la posiciona entre los países con mayor incidencia en términos absolutos. Esta relación entre superficie disponible y pérdida registrada permite dimensionar la magnitud del proceso de transformación territorial en curso.
El análisis de cobertura de suelo muestra que las áreas deforestadas están siendo convertidas principalmente en superficies destinadas a actividades productivas. La transición más frecuente ocurre hacia pastizales para ganadería extensiva y, en menor medida, hacia agricultura mecanizada. Este proceso se concentra en regiones específicas, particularmente en Santa Cruz y Beni. En este último departamento, los datos indican que hasta el 35% de la pérdida reciente de bosque se ha concentrado en su territorio, consolidándolo como una de las principales zonas de expansión.

El uso del fuego aparece como un elemento clave en la dinámica de transformación. Más del 50% de la pérdida de cobertura forestal en Bolivia está vinculada a incendios, una cifra que se alinea con la tendencia global, donde el fuego representa aproximadamente el 42% de la pérdida total de cobertura arbórea. La distribución de focos de calor coincide con las áreas de expansión agropecuaria, lo que evidencia una relación espacial directa entre incendios y cambio de uso del suelo.
Este patrón se refuerza al observar la recurrencia de incendios en las mismas regiones año tras año, lo que sugiere una dinámica continua de habilitación de tierras. A su vez, factores climáticos como sequías y temperaturas elevadas incrementan la intensidad y propagación del fuego, generando condiciones que amplifican la pérdida forestal.
Desde la perspectiva climática, los bosques bolivianos cumplen un rol fundamental como reservorios de carbono. La pérdida de cobertura forestal implica la liberación de carbono acumulado durante largos periodos, proceso que se acelera cuando la deforestación está asociada a incendios. Este fenómeno no solo incrementa las emisiones, sino que también reduce la capacidad del territorio para capturar carbono en el futuro.
El análisis integrado de los seis dashboards —cobertura forestal, cobertura de suelo, cambio forestal, uso del suelo, incendios y clima— permite identificar un sistema interconectado en el que la pérdida de bosque, la transformación del territorio y los efectos climáticos forman parte de una misma dinámica. En este sistema, una base forestal extensa experimenta una reducción sostenida, se convierte en áreas productivas mediante el uso del fuego y genera impactos acumulativos en el equilibrio climático.
Estos datos describen un proceso continuo de transformación del paisaje que involucra variables ecológicas, productivas y climáticas, y que puede ser analizado a partir de información satelital y monitoreo global en tiempo real.
Por: Joel Poma Chura - Comunicación Cecasem

