Bolivia ya no se abastece solo del agua que recibe cada año por lluvias, sino que está consumiendo reservas estratégicas acumuladas durante décadas en glaciares y acuíferos subterráneos, una situación que aumenta la vulnerabilidad hídrica del país y eleva los costos sociales y económicos del acceso al agua. Así lo advierte la hidrogeóloga boliviana Mónica Guzmán, cuyo trabajo ha sido recientemente nominado al People’s Choice Award de la UNESCO por su aporte a la visibilización del agua subterránea y la protección de zonas de recarga hídrica.

Según Guzmán, aunque las precipitaciones continúan en varias regiones, cada vez se logra infiltrar menos agua hacia el subsuelo debido a la deforestación, los incendios forestales, la degradación del suelo y la ocupación de zonas frágiles de recarga. Esta combinación de factores ha provocado que en cerca de dos tercios de los municipios del país la recarga hídrica venga disminuyendo de forma sostenida, con señales más críticas en regiones como la Chiquitanía y el corredor Chapare–Yungas.
La científica explica que Bolivia ya ha perdido parte de su “ahorro hídrico” con la desaparición de glaciares como Chacaltaya y el secado de sistemas superficiales como el lago Poopó, pero que el deterioro más silencioso ocurre bajo tierra, en los acuíferos que abastecen pozos, manantiales y ríos en época seca. Esta reducción progresiva implica fuentes de agua cada vez más frágiles, más costosas de mantener y con menor capacidad de respuesta frente a sequías.
Uno de los avances más concretos impulsados desde la investigación científica ha sido la promulgación de la Ley Municipal de Protección de Zonas de Recarga Hídrica en San José de Chiquitos, que incorpora la vulnerabilidad post-incendio y establece mecanismos de control, restauración y financiamiento para proteger los acuíferos locales. Guzmán destaca que esta experiencia demuestra que es posible traducir la ciencia en políticas públicas aplicables y replicables en otros municipios del país.
A nivel internacional, su trabajo ha cobrado visibilidad a través de “La historia de Gueebi, el Hijo de la Lluvia”, una narrativa que une conocimientos hidrogeológicos con relatos ancestrales de la Chiquitanía para explicar la importancia del agua que se infiltra lentamente en el suelo y sostiene la vida en épocas secas. Esta propuesta cultural y científica le valió la nominación al People’s Choice Award de la UNESCO, posicionando a Bolivia en el debate global sobre la crisis hídrica.
Frente a un escenario de sequías más frecuentes y eventos extremos, la hidrogeóloga señala como urgente incorporar la recarga hídrica y el agua subterránea en el ordenamiento territorial, fortalecer los balances por acuífero y alinear las decisiones de uso del suelo, manejo del fuego y restauración de bosques con la protección de las reservas de agua.
“La bancarrota hídrica no se vive a nivel país, se siente en cada cuenca y en cada acuífero. Y en Bolivia ya hay señales claras de alerta”, advierte Guzmán, subrayando que todavía existe margen para actuar si se prioriza la prevención y la gestión basada en evidencia.
Por: Joel Poma Chura - Comunicación Cecasem

