La protesta social dejó de ser un hecho excepcional en Bolivia y se consolidó como parte del comportamiento cotidiano del país. Así lo revela el informe presentado por la Defensoría del Pueblo, que registró 841 hechos de conflictividad social durante la gestión pasada, una cifra que ubica nuevamente a Bolivia como el país más conflictivo de América Latina.

El reporte fue presentado por el jefe de la Unidad de Diálogo, Cultura y Paz de la Defensoría, César Rojas, quien explicó que Bolivia arrastra desde hace más de cinco décadas un patrón promedio de 362 conflictos por año, lo que equivale a casi un conflicto diario. En ese contexto histórico, el último año se posiciona como “bastante conflictivo”, muy por encima de ese promedio estructural.
Según el análisis trimestral, los momentos de mayor tensión se concentraron en la primera mitad del año, con 201 conflictos en el primer trimestre y 267 en el segundo, coincidiendo con el periodo más crítico de la crisis económica. En los dos últimos trimestres se registraron 186 y 187 conflictos, lo que evidencia un leve descenso tras el cambio de gobierno, aunque insuficiente para modificar el patrón general.
La Defensoría identificó que la mayoría de las protestas tuvo demandas de carácter económico, lo que refuerza la correlación directa entre conflictividad social y deterioro de las condiciones de vida. Para Rojas, este fenómeno refleja que el conflicto ya no es una anomalía, sino una regularidad en la dinámica social boliviana.
Pese al “ligero decremento” observado en los últimos meses, Bolivia continúa encabezando los indicadores regionales de conflictividad. De acuerdo con parámetros comparativos, los países considerados altamente conflictivos son aquellos que superan los 300 conflictos anuales, umbral que Bolivia rebasa ampliamente.
El informe defensorial plantea que la persistencia de estos niveles de protesta constituye una señal de alerta sobre la necesidad de fortalecer mecanismos de diálogo, prevención y atención estructural de las demandas sociales, en un escenario donde el conflicto se ha convertido en la principal vía de expresión ciudadana.
Por: Joel Poma Chura - Comunicación Cecasem

