En los últimos días, dos hechos conmocionantes han sacudido a la opinión pública en Latinoamérica. En Bolivia, una madre ahogó a sus dos hijos para poder salir de fiesta. En México, un joven tomó a su hijo recién nacido, lo colocó en una bolsa plástica como si fuera un objeto sin valor y lo abandonó en la calle. Ambos casos han despertado indignación y dolor, pero también nos obligan a cuestionarnos sobre las causas profundas que llevan a estos actos atroces.
El primer caso ocurrió en Bolivia, donde una mujer de 23 años confesó haber ahogado a sus dos pequeños hijos. Según las investigaciones, la madre quería salir de fiesta y al considerar que sus hijos eran un obstáculo, tomó la escalofriante decisión de acabar con sus vidas. El suceso generó indignación en la población, pero también levantó preguntas: ¿qué llevó a esta madre a ver a sus propios hijos como un problema que debía eliminar?
Por otro lado, en México, un joven de 18 años fue captado por cámaras de seguridad dejando una bolsa plástica en una calle desierta. Dentro de ella, un bebé de apenas unos días de nacido luchaba por sobrevivir. La frialdad del acto ha causado repudio generalizado. Afortunadamente, el recién nacido fue rescatado a tiempo, pero el abandono infantil sigue siendo una problemática latente.
Ambos casos no son hechos aislados. En Bolivia, en 2024, se registraron 38 infanticidios, lo que representa un incremento alarmante respecto a años anteriores. La Paz es el departamento con mayor incidencia de este tipo de crímenes, lo que refleja una problemática estructural que no puede ser ignorada.
La pregunta clave que debemos hacernos es:
¿QUÉ ESTÁ FALLANDO EN NUESTRA SOCIEDAD PARA QUE SITUACIONES TAN EXTREMAS OCURRAN?
Existen múltiples factores que pueden influir en estas decisiones, y es fundamental abordarlos desde un enfoque integral:
Si bien estos casos nos indignan, también deben impulsarnos a la acción. La planificación familiar no es solo un derecho, sino una necesidad social urgente. Es fundamental que:
No podemos permitir que casos como estos sigan ocurriendo. La responsabilidad no recae solo en quienes cometen estos actos, sino en toda una sociedad que no ha brindado las herramientas necesarias para prevenirlos. La planificación familiar responsable es una solución concreta que puede evitar tragedias futuras. Es momento de actuar y de exigir que la educación, la prevención y la protección de la niñez sean prioridad en nuestras políticas públicas y en nuestra conciencia colectiva.