Bolivia es un país que vibra con el Carnaval. En cada región, las calles se llenan de música, danza y tradición, en una expresión de identidad y alegría colectiva. Desde el majestuoso Carnaval de Oruro, declarado Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad por la UNESCO, hasta las coloridas entradas en Cochabamba, La Paz y Santa Cruz, la fiesta es un reflejo del alma boliviana. Sin embargo, detrás del brillo de los trajes y la energía de las bandas, también se esconden sombras que debemos enfrentar con responsabilidad: la violencia, el consumo excesivo de alcohol y los riesgos que ponen en peligro la seguridad de muchas personas, en especial de las mujeres.
El Carnaval de Oruro es una celebración donde la devoción y la cultura se entrelazan en un espectáculo sin igual. Más de 40.000 danzarines recorren la ruta de la peregrinación hasta el Santuario del Socavón, en honor a la Virgen del Socavón. Pero en medio de esta grandiosa expresión de fe, la masividad del evento también implica riesgos: acoso callejero, robos y agresiones que aumentan con el consumo de alcohol. Las autoridades refuerzan la seguridad, pero es vital que la población también tome conciencia y fomente un ambiente de respeto y protección.
Las calles de Cochabamba se llenan de color con la "Entrada de Carnaval" y los corsos que reúnen a miles de personas. En La Paz, la "Fiesta de los Pepinos y Chutas" revive la tradición con personajes festivos que llenan de risas la ciudad. Pero en ambas urbes, la combinación de grandes concentraciones y consumo de alcohol genera escenarios de vulnerabilidad. Campañas como "Carnaval Seguro", "Ni una menos en Carnaval" Y “Carnaval sin explotaciones” del Observatorio de Trata, buscan concienciar sobre la violencia de género, la trata y los abusos, invitando a la ciudadanía a disfrutar con responsabilidad y empatía.
En Santa Cruz, el Carnaval es sinónimo de comparsas, música y fastuosas coronaciones. La ciudad se convierte en un escenario de desfiles espectaculares, con miles de personas celebrando en calles y salones. Pero la fiesta nocturna, que muchas veces se extiende hasta la madrugada, puede convertirse en un espacio peligroso, especialmente para las mujeres. En este contexto, es crucial fomentar la prevención y la denuncia de cualquier acto de violencia o acoso.
El Carnaval es una expresión de cultura y alegría que debe vivirse con respeto y seguridad. Es necesario que instituciones, autoridades y la ciudadanía trabajen juntos para crear espacios seguros, donde la celebración no implique riesgos para nadie. Campañas de sensibilización, la instalación de puntos seguros para mujeres y el control del consumo de alcohol son solo algunas de las estrategias que pueden hacer la diferencia.
Desde Cecasem queremos compartir Carnaval con la misma pasión con la que lo vivimos cada año, pero con la certeza de que cada persona que se suma a la fiesta regresa a casa sin haber sido víctima de violencia, trata o abuso. Que la danza y la música sigan siendo el lenguaje de la alegría y no el pretexto para el descontrol.
Este Carnaval, celebremos con conciencia, con respeto y con la convicción de que la verdadera fiesta es aquella donde todos y todas estamos seguros.