¡BENI EN CRISIS!

14 de marzo de 2025

Inundaciones, hambre y aislamiento en medio de la escasez de combustible

La situación en el Beni se agrava con cada día que pasa. Las lluvias no cesan, los ríos siguen desbordándose y cientos de comunidades han quedado atrapadas entre el agua y el abandono estatal. La emergencia humanitaria se extiende desde San Borja hasta Rurrenabaque y Reyes, dejando a miles de familias sin alimentos, sin refugio y sin posibilidad de escapar.

A esto se suma una crisis nacional de combustibles, que ha dejado varados a vehículos de rescate, impidiendo la llegada de ayuda y agravando aún más la tragedia.

El pueblo tsimane está sin alimentos, sin educación y sin salida

En el municipio de San Borja, 95 comunidades tsimane han quedado completamente aisladas tras el desborde del río Maniqui. 3.971 familias han visto sus hogares y cultivos desaparecer bajo el agua, mientras la falta de ayuda amenaza con dejarlos sin nada con qué sobrevivir.

El Gran Consejo Tsimane ha emitido comunicados de auxilio a distintas instancias estatales, incluyendo el Ministerio de Defensa y el Viceministerio de Defensa Civil, exigiendo el envío urgente de víveres y herramientas para la reconstrucción de sus comunidades. Sin embargo, la burocracia sigue retrasando las respuestas, poniendo en peligro a miles de personas.

“El agua lo ha cubierto todo. Las casas han sido destruidas, los cultivos de plátano, arroz y yuca han desaparecido, y los animales de cría han sido arrastrados por la corriente. No hay cómo salir, no hay cómo conseguir comida. Nos están dejando morir aquí”, lamenta Maguin Gutiérrez, presidente del Gran Consejo Tsimane.

El aislamiento no solo ha cortado el acceso a alimentos y suministros básicos, sino que también ha interrumpido la educación de cientos de niños. Las escuelas han quedado bajo el agua y las clases han sido suspendidas indefinidamente.

“La educación ya era precaria en nuestras comunidades, y ahora está completamente paralizada. Nuestros niños han perdido el año escolar porque no hay forma de llegar a las escuelas y tampoco se han implementado alternativas”, explica Gutiérrez.

La falta de atención médica también preocupa. Aunque no se han reportado brotes de enfermedades, los dirigentes temen que la acumulación de agua estancada provoque infecciones, fiebre, hongos y enfermedades respiratorias en los próximos días.

Rurrenabaque y Reyes: el desastre se extiende

Lo que ocurre en San Borja no es un caso aislado. En Rurrenabaque y San Buenaventura, el río Beni se ha desbordado, inundando calles enteras y dejando a cientos de familias atrapadas sin posibilidad de salir. La Gobernación del Beni ha declarado alerta roja en la región y ha prohibido la navegación por el río debido a las fuertes corrientes.

En Reyes, la situación es aún más alarmante. Cinco comunidades han permanecido bajo el agua durante más de dos semanas sin recibir asistencia. Entre las más afectadas se encuentra Peñita Río Negro, donde las familias han perdido todo y han quedado sin acceso a alimentos y agua potable.

“Estamos atrapados, no hay comida, no hay agua, y no podemos salir. Los caminos están completamente anegados y la única forma de evacuar es por aire, pero los helicópteros no llegan”, denuncia un poblador de Reyes.

Los esfuerzos locales han sido insuficientes. La Alcaldía de San Borja ha intentado enviar ayuda a algunas comunidades, pero las cantidades son mínimas y no alcanzan para todos. Además, las lluvias constantes han dificultado los operativos de rescate.

A la crisis humanitaria provocada por las lluvias se suma otro problema crítico: la escasez de gasolina y diésel ha paralizado los operativos de rescate y distribución de ayuda humanitaria. Las pocas embarcaciones que podrían llegar a las comunidades aisladas no pueden moverse porque no hay suficiente combustible. Los camiones con provisiones han quedado varados, las ambulancias no pueden atender emergencias y la economía local se ha visto gravemente afectada. “El poco combustible que llega es insuficiente. No podemos abastecer ni siquiera a los hospitales, mucho menos a las comunidades indígenas”, señala un funcionario local.

Esta crisis de carburantes también ha disparado los precios de los productos básicos, haciendo que muchas familias no puedan costear lo poco que queda en los mercados.

El tiempo se agota: llamado urgente a las autoridades y a la comunidad internacional

Desde Cecasem, exigimos una respuesta inmediata de las autoridades nacionales, departamentales y municipales. Es imperativo que el gobierno declare el estado de desastre en las zonas afectadas y garantice el envío inmediato de ayuda humanitaria.

  • Suministro urgente de alimentos, medicamentos y herramientas a todas las comunidades afectadas.
  • Garantía de transporte aéreo y fluvial para evacuar a las familias en peligro.
  • Asignación de combustible para operativos de rescate y distribución de víveres.
  • Atención médica de emergencia y control de enfermedades en las zonas inundadas.
  • Reconstrucción de viviendas, escuelas y caminos para evitar un colapso a largo plazo.

La gravedad de la crisis requiere la intervención no solo del Estado boliviano, sino de la comunidad internacional. Hacemos un llamado a organismos de cooperación, ONGs y donantes internacionales a unirse a esta causa y apoyar con insumos de emergencia.

Cada día que pasa sin ayuda es una sentencia de muerte para estas comunidades. No podemos seguir esperando. Es momento de actuar.

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